jueves, 26 de junio de 2014

USA-Irak: Una compleja relación de 30 años

Así es cómo los EE.UU. ha estado tratando a Irak incorrectamente por más de 30 años

Geoffrey Ingersoll - Business Insider

Un grupo terrorista iraquí tan radical que en realidad fue expulsado de la red global de Al Qaeda se encuentra en medio de una gran ofensiva. El Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS) se ha hecho cargo de la segunda ciudad más grande de Irak, y ahora está empujando en el área de Bagdad.

En la última década, los EE.UU. han perdido miles de soldados en Irak en un intento de asegurarse de que algo así no podría suceder.

Pero la difícil relación de Estados Unidos con Irak - y su fracaso en el logro de sus objetivos en el país - no se inició hace 11 años, con el inicio de la guerra que acabaría por derrocar a Saddam Hussein.

Ni siquiera se ha iniciado en 1990, tras la invasión de Saddam a Kuwait y la Operación Tormenta del Desierto.

De hecho, los dos países iniciaron su enredo de hoy en día, hace más de 30 años, gracias al empuje de Washington para frenar a un Irán intransigente que estaba recién salido de su Revolución Islámica.

Los planificadores de políticas pensaron que la clave para mantener el control sobre la rica en recursos de Oriente Medio comenzó con darle la mano a Saddam.

Con los yihadistas aumenta sin parar e Irak caer en el caos, las cosas no han funcionado exactamente como estaba previsto.


Era el año 1980. América acababa de perder un aliado clave de Oriente Medio a causa de la revolución iraní, con derrocó la monarquía pro-occidental del país.


Los funcionarios y los medios de comunicación de Estados Unidos comenzaron a considerar públicamente a Irak como un nuevo aliado en la parte superior del Golfo Pérsico.


Mientras tanto, las llamadas iraníes para un golpe de estado liderado por los chiítas en Irak sólo aumentaron las tensiones en la región, y ha causado una serie de escaramuzas fronterizas.


Sintiendo debilidad iraní y un grado de apoyo internacional, el presidente iraquí Saddam Hussein invadió su odiado vecino de al lado.


A pesar de los numerosos informes de las armas químicas que los iraquíes utilizaban, Reagan sacó al presidente iraquí Saddam Hussein fuera de la lista de terroristas conocidos en 1982.


Los EE.UU. comenzaron a apoyar abiertamente a Irak, a través de préstamos masivos, equipo militar y de inteligencia por satélite en los movimientos de tropas iraníes.


El uso de armas químicas por parte de Irak "no era una cuestión de profunda preocupación estratégica" frente a los temores estadounidenses de que la revolución iraní podría derramarse y penetrar en Kuwait o Arabia Saudita.

Sin embargo, se hizo evidente en 1986 que los dos países estaban atrapados en un punto muerto costoso.



Para el final de la guerra en 1988, Iraq debía por lo menos $ 60 mil millones a Gran Bretaña, Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia y Kuwait. (Argentina debe ahora 250 mil millones a sus acreedores sin haber ido a una guerra...)


En 1989, el presidente George H. W. Bush firmó la Directiva de Seguridad Nacional 26 se establece la continuidad del flujo del petróleo del Golfo Pérsico y una relación "estable" con Irak como asuntos de seguridad nacional.


Aliado de Estados Unidos, sin embargo, no pudo ser controlado. En 1990, con el aumento de los costos de reconstrucción, Saddam invadió Kuwait, alegando que el país había hecho con miles de millones en petróleo robado.


"Esta agresión no se perdurará", George H. W. Bush dijo en respuesta a la invasión de su vecino Irak. Pronto, las operaciones militares se estaban realizando para impulsar Saddam de Kuwait.


América lo apodó "La guerra del Golfo Pérsico" - el mismo nombre que dio a la guerra entre Irán e Irak sólo 10 años antes.


Las tropas estadounidenses derrocaron a Saddam de Kuwait con éxito, pero se detuvo en seco de la invasión de Bagdad.


Bill Clinton asumió el cargo en 1992. En 1994 impuso sanciones económicas contra Irak.


En 1995, la ONU presentó su programa "Alimentos por petróleo", lo que permite a Irak vender sus recursos petroleros de lo contrario sancionados en el mercado mundial a cambio de comida.


Dos enviados consecutivos de la ONU, Hans Von Spok y Denis Halliday, renunciaron por el efecto sanciones tenían sobre los ciudadanos.


En 1998, George HW Bush, escribió acerca de no tomar Bagdad: "Nos hemos visto obligados a ocupar Bagdad y, en efecto, la regla de Irak, la coalición al instante se habría derrumbado ... Si hubiéramos ido la ruta de la invasión, los EE.UU. podría concebiblemente todavía. ser una potencia ocupante en una tierra amargamente hostil ".


Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Donald Rumsfeld, Dick Cheney y Paul Wolfowitz comprometidos con la búsqueda de la "conexión de Irak."



En marzo de 2003, Estados Unidos y su "coalición de los dispuestos" invadieron Irak.


Tres semanas más tarde, George Bush afirmó "Misión Cumplida".


El administrador estadounidense de Irak, Paul Bremer, presionó para que la deuda iraquí a los EE.UU. para ser perdonados, y pidió la inmunidad para sí la deuda de Irak, que había alcanzado un total de $ 100 mil millones.



El 24 de julio de 2004, las Fuerzas Especiales del Ejército de EE.UU. sacaron a Saddam de un "agujero de la araña". Él sería ejecutado 30 meses después.


Pero la lucha está lejos de terminar. La altura de la insurgencia iraquí, en 2006, vio 100 artefactos explosivos detonados por día. A mediados de 2007, sin embargo, las milicias suníes que se hacen llamar los Hijos de Irak se había convertido la marea de la guerra.


Cuando el presidente Barack Obama no pudo conseguir un Acuerdo de Estatus de Fuerzas negociado con el gobierno iraquí en 2011, el ejército de Estados Unidos se inició efectivamente fuera del país.


Cerca de ocho años de guerra habían causado un estimado de 190.000 muertes por guerras directas. Esto incluyó a más de 4.500 militares estadounidenses.


En total, esta guerra costó 2.200.000.000.000 de dólares, y, posiblemente, 6 billones de dólares de pagos de intereses futuros.


Dos años más tarde, en el día del 10 º aniversario de la invasión de EE.UU., un coche bomba mató a 25. Con las recientes ganancias de ISIS, el país está cayendo en una nueva ronda de violencia sectaria generalizada.




Frente Oriental: Las brujas de la noche soviéticas

Nadia Popova, el último vuelo de la Bruja de la Noche
Ferran Mateo, RBTH
Formó parte del grupo de aviadoras rusas del 588º regimiento de bombardeo nocturno. A bordo de desfasados biplazas Po-2 conseguían inocular el miedo entre las filas alemanas, que las apodaron “Brujas de la noche” [‘nachthexen’]. Protagonizaron uno de los episodios más heroicos de la Segunda Guerra Mundial. Popova, en cuyo uniforme se prendieron las más altas distinciones del ejército soviético, murió el pasado 8 de julio en Moscú, a los 91 años.


'Las Brujas de la Noche' (de izquierda a derecha): Ekaterina Riabova, Raisa Yushina, Mira Parómova, Nadia Popova y Marina Chechneva durante un descanso entre los combates. Fuente: ITAR-TASS

Sólo cuando la hazaña queda atrás uno puede interrogarse sobre cómo se materializó, de dónde salieron las agallas para emprender la proeza. Nadiezhda Vasílievna Popova no sabía responder a esta simple pregunta después de haber realizado 850 misiones aéreas durante la etapa más dura que le tocó soportar al desprevenido Ejército Rojo.
Tal vez su increíble resistencia fuera fruto de la rabia por el hermano muerto en el frente, por la casa familiar profanada a manos de los nazis, que la convirtieron en su cuartel general, o por la brutalidad infligida a sus vecinos.



La niña que con quince años vio aterrizar una aeronave en su pueblo de la cuenca del Donetsk, Shabanovka (actual Dolgoye), y que constató que los dioses y los pájaros no eran las únicas criaturas capaces de surcar los cielos, no dudó en alistarse en el ejército con sólo diecinueve años, cuando los soldados del Tercer Reich atenazaban a los soviéticos.
Como muchas otras jóvenes heroínas, soñaba con pilotar un bombardero, involucrarse en la escritura de la Historia, colmar el ansia de libertad propia de su espíritu rebelde. Se había formado como instructora de vuelo durante la década dorada de la aviación soviética, cuando Marina Roskova, pionera de la aviación femenina, había pulverizado ya varios récords de vuelo sin escalas.
Un millón de mujeres se batió el cobre en el bando soviético. Pero hasta entonces ningún ejército del mundo había dejado en manos femeninas el mando de sus cazas.
La desesperada situación que atenazaba a las fuerzas armadas soviéticas hizo que éstas fueran las primeras en recurrir a un nutrido grupo de féminas preparadas para el combate aéreo. Ellas, por su parte, recogieron el guante y demostraron su valía convirtiéndose en el regimiento más condecorado de las fuerzas aéreas soviéticas.

Pilotos de guerra en seis meses

La situación en el territorio soviético era descorazonadora. La hegemonía aérea de los alemanes se había revelado incontestable. Las cuestiones de género tuvieron que aparcarse ante el avance imparable de la primera fase de la Operación Barbarroja, acometida en junio de 1941.
Stalin, y por ende la Stavka, accedió a la iniciativa de Marina Roskova de llamar a las mujeres a filas y formar tres regimientos del aire exclusivamente femeninos, tanto para pilotar las aeronaves como para gestionar el mantenimiento técnico.
Era tan inusual la presencia de aquel grupo de chicas de 17 a 26 años entre aviones de combate que ni siquiera contaban con un uniforme concebido para ellas: tuvieron que hacer arreglos en la indumentaria masculina, varias tallas más grande, y rellenar con papel de periódico las botas militares.
Por suerte, casi la totalidad de ellas sumaba ya horas de vuelo a las espaldas en las academias de la OSOAVIAJIM  [Unión de Sociedades de Asistencia para la Defensa y Aviación-Construcción química de la URSS], creadas en 1927 con el objetivo de mejorar la preparación física de la población civil y entre cuyas actividades figuraban, entre otras, el tiro, el salto en paracaídas y el pilotaje de aviones. Más de un cuarto de los asistentes a estos cursos eran mujeres. A los 16 años, Popova ya había realizado el primer salto en paracaídas y el primer vuelo en solitario.
En octubre de 1941 continuaron, para las seleccionadas, los exigentes y duros entrenamientos en Engels, al norte de Sarátov, donde fueron evacuadas desde Moscú. Las jornadas maratonianas estaban supervisadas por la propia Roskova.
En seis meses recibieron una formación intensiva –que, en tiempos no excepcionales, se hubiera prolongado año y medio–, a bordo de los obsoletos y frágiles Polikárpov Po-2, aeronaves de adiestramiento consistentes en una estructura de madera y lona tensada pobremente adaptada para el combate: en cada misión sólo podían transportar dos cargas explosivas.
Además, los únicos instrumentos de navegación de los que se servían eran un mapa, un compás y un cronómetro. Había nacido el 588.º Regimiento aéreo de bombardeo nocturno, que, junto al 587.º, surcó todo el Frente del Este hasta la caída de Berlín, en misiones tanto de bombardeo como de suministro de las tropas. El 586.º, por su parte, concentró sus energías en la Batalla de Stalingrado.

Tácticas suicidas

El gran mérito de las aviadoras como Popova fue lanzarse al combate a bordo de unas aeronaves infinitamente inferiores a las alemanas. Con una tecnología propia de la Primera Guerra Mundial, las pilotos supieron sacar todo el jugo a los Po-2.
Eran vulnerables tanto al fuego de las baterías antiaéreas como al de ametralladora por su vuelo a baja altura, pero, en contrapartida, eran invisibles a los radares. Las velocidades alcanzadas apenas rebasaban los 150 km/h. Aun así, eran extremadamente maniobrables, superando así a los aparatos más grandes y rápidos.
Pero el mayor reto de todos era el mínimo margen de error: los biplazas estaban construidos a base de materiales sumamente inflamables, que convertían la aeronave en una antorcha ante el más mínimo impacto del fuego enemigo. Cada misión podía ser la última y, con todo, ejecutaban más de diez en una sola noche.
Además, las cabinas eran descubiertas y, por lo tanto, las inclemencias meteorológicas hacían mella en las aviadoras. En total, los tres regimientos femeninos lanzaron unas 3.000 toneladas de bombas en sus más de 20.000 asaltos.
Los alemanes llegaron a poner precio a sus cabezas: una Cruz de Hierro por cada “bruja” abatida. Popova no sufrió ningún percance excesivamente grave y constató su buena estrella cuando un día contó hasta 42 dianas en el fuselaje de su aeronave. “Casi siempre –recordaba Popova- teníamos que cruzar un muro de fuego enemigo”.
Las tácticas aéreas de Popova y sus compañeras, con las que forjaron su legendaria fama en ambos bandos, eran del todo suicidas. A veces salían en parejas y, cuando se aproximaban al objetivo, ascendían para luego emprender el descenso planeando con los motores apagados y arrojar su carga de 300 kilos de bombas que se apresuraban a reponer al instante.
“No había tiempo para tener miedo”, recordaba la aviadora.
En otras ocasiones, cuando los alemanes defendían sus posiciones formando anillos de defensa antiaérea, una pareja de Po-2 se acercaba al blanco hasta que era detectada por los focos reflectores. En ese instante se separaban en sentidos opuestos atrayendo el fuego enemigo, mientras un tercer Po-2, con el motor apagado, aprovechaba la ocasión para tirar la carga explosiva sobre el objetivo. Luego se reunía con los otros dos aparatos y repetían la operación intercambiándose los papeles. Y así, noche tras noche.
Al final de la guerra habían sufrido casi un 30% de bajas. En recompensa, el regimiento fue rebautizado como el 46.º Regimiento de Bombardeo Aéreo de la Guardia Tamana. Habían ingresado en la élite del ejército.

El último vuelo

El regimiento de Nadia Popova, también conocido como “los halcones de Stalin”, siguió estando formado exclusivamente por mujeres hasta el final de la guerra. Los otros dos, dado el gran número de bajas, pasaron a ser mixtos.
En agosto de 1942, el avión de Popova se estrelló en el Cáucaso. Fue encontrada con vida junto a una compañera unos días más tarde. Consiguió volver a su unidad con las columnas de soldados y refugiados que escapaban de los efectivos alemanes.

Entre la multitud vio a un piloto herido, Semión Jarlámov, que leía El Don apacible a la sombra de un árbol. Ella le leyó una poesía. Tenía la cara vendada y sólo asomaban sus ojos. Pero eso no fue impedimento para que entre los dos surgiera el flechazo.
Concluido su periplo en Berlín, el 588º Regimiento estampó su mensaje de júbilo con unas palabras grabadas en las columnas del Reichstag. Popova y Jarlámov, que volvieron a encontrarse en la capital arrasada después de cruzarse varias veces en el camino de la guerra, también dejaron constancia en la sede del parlamento alemán de su condición de supervivientes de la peor guerra del siglo XX: “Nadia Popova del Donbás. S. Jarlámov. Sarátov”. Se casaron al poco de su paso por Berlín.
La vida de ambos siguió siempre vinculada al mundo de la aviación. Sólo la muerte de Jarlámov en 1990 obligó a Nadia a seguir el viaje en solitario.
Además de la insignia de Heroína de la Unión Soviética, Popova pudo prender, junto a su broche de la suerte con forma de escarabajo, la Orden de Lenin, la Orden de la Amistad de los Pueblos y tres más de la Guerra Patria.

Torreta no tripulada: DUKE, para helicópteros


DUKE - Airborne Robotic Weapon System





El Duke RWS es un sistema de artillería terrestre que ha sido adaptado a los helicópteros. Hecho de materiales aeroespaciales ligeros, diseñado para ser instalado en un helicóptero utilitario estándar sin la necesidad de ningún cambio estructural a la aeronave. Según Duke, el kit modular ocupa sólo una tercera parte del espacio de carga al lado de la puerta, dejando espacio para un máximo de 12 soldados completamente armados, a pesar de las representaciones 3D de la compañía dejan claro que es un ajuste perfecto con una carga completa.



El enfoque del RWS es su ametralladora eléctrica de 25 mm con un máximo de 2.000 tiros que pueden incluir la rotura, la perforación de blindaje, y municiones de aire a estallar. Cuando no esté en uso, el cañón se retrae completamente dentro del helicóptero, por lo que no hay ninguna fricción en el aire, y no hay indicación de la potencia de fuego oculta para advertir al enemigo. El arma de fuego en sí está montado en un sistema robótico de 7 ejes que compensa el movimiento del helicóptero y la vibración, y proporciona una capacidad de disparo de 360 ​​grados.



Puede ser gerenciado desde un comando tipo tablet





GizMag

miércoles, 25 de junio de 2014

Revolución Libertadora: Al quinto día, los rebeldes triunfan


Escuadrilla de aviones navales Grumman J2F-5 similares a los que comandaba el CC Eduardo Estivariz (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y arqueología Marítima)


El quinto día de lucha

1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón



El 20 de septiembre de 1955, también hubo acciones de guerra. Ese día, a las 02.00 horas partió de la Escuela de Aviación Militar un Beechcraft AT-11 para lanzar bengalas y efectuar observaciones sobre los caminos de acceso al sur de las posiciones rebeldes. Cuatro horas y media después le siguió un Fiat que patrulló el mismo sector hasta Deán Funes y a las 08.30 otro AT-11 detectó el repliegue de tropas en dirección a Alta Córdoba.
A las 09.00 la aviación exploró los caminos de acceso a la Escuela, desde Río Tercero a Los Cóndores; quince minutos después otro avión sobrevoló las tropas que llegaban a Alta Gracia y les arrojó volantes recorriendo, posteriormente, un radio de 15 kilómetros en el sector 90º - 180º. A las 10.00 otro Fiat sobrevoló el sector comprendido entre la Escuela de Aviación Militar y Villa María y una hora después, una cuarta aeronave, se iguales características, exploró los caminos de Villa María y San Francisco observando dos columnas de vehículos militares y civiles detenidas en Río Primero[1] así como también, tropas marchando a campo abierto en dirección este, muy cerca de Santiago Temple. Cuando el avión regresaba a su base, alcanzó a detectar cinco cañones en las inmediaciones por lo que, quince minutos después, se hizo exploración aérea entre la Escuela, Ascochinga y Malagueño.
La presencia de tantas tropas en los alrededores de la Escuela de Aviación Militar y la capital provincial, más el hecho de que aún no se hallaba definida la situación respecto a la renuncia de Perón, llevaron al general Lonardi a adoptar la siguiente decisión: temiendo el reagrupamiento de las fuerzas enemigas y no teniendo la certeza de que el total de las mismas había depuesto las armas, decidió bombardear el aeródromo de Las Higueras, en Río Cuarto, por constituir la posesión extremadamente peligrosa dentro del área.
A tal efecto, fue alistado un Beechcraft AT-11 que cerca de las 10.00 despegó de la guarnición y voló hasta el objetivo descargando sus bombas sobre las instalaciones de la estación. La aeronave regresó veinte minutos después sin haber sufrido daños porque el ataque no fue repelido.
Las misiones de exploración se detuvieron hasta las 15.00, cuando un nuevo Fiat G-55 A efectuó reconocimiento entre las posiciones revolucionarias y Las Varillas sin detectar anormalidades. Era evidente que la incursión sobre Las Higueras, había surtido su efecto.



Donde las cosas se tornaron tensas fue en el teatro de operaciones de Bahía Blanca.
Según refiere Ruiz Moreno, el Regimiento 3 de Infantería se encontraba en Pringles y los seis tanques de su sección blindada sustraídos por el capitán Giménez el día anterior, muy cerca de allí, en la localidad de Tornquist, donde su comandante mantenía la preocupante actitud de no acatar la tregua. Por ese motivo, en las primeras horas del día, el alto mando revolucionario decidió atacar las posiciones por entender que representaban el único peligro aún latente en el escenario sur.
Desde Comandante Espora decolaron con destino a Tornquist tres bombarderos Catalina provistos de bombas de 220 kilogramos seguidos por un Avro Lincoln al comando del jefe de la escuadrilla, capitán Ricardo Rossi, quienes tenían por misión contrarrestar esa amenaza.
La formación voló durante veinte minutos hasta alcanzar el blanco pero cuando se disponía a atacar recibió la notificación de que los tanques se rendían incondicionalmente y por esa razón, se le ordenó desde la torre de control permanecer en la zona, hasta que la situación se aclarase.
Los tanques se habían posicionado en las afueras de la población, a la vista del enemigo y sus tripulaciones, siguiendo las instrucciones impartidas por el comando revolucionario, extendieron sobre la hierba un enorme paño blanco en señal de capitulación. La “patriada” del capitán Giménez había finalizado sin un solo disparo.
Desde Espora fue despachado un DC-3 a bordo del cual viajaba un grupo de infantes de Marina al mando de tres oficiales, quienes debían hacerse cargo de los tanques sus armas y municiones.
La aeronave tardó menos de media hora en cubrir el espacio que la separaba de Tornquist. Aterrizó sobre la ruta 33 y de ella saltó a tierra la sección que debía encargarse cargo de los blindados, encabezada por tres oficiales, y una hora después se puso en marcha hacia Bahía Blanca, donde ingresaron pasadas las 16.00, desplazándose por la ciudad con los vehículos capturados como “trofeo de guerra”[2].
Ese mismo día, minutos antes de que los blindados capitulasen, los mandos navales del área sur recibieron un llamado desde Saavedra, que los llenó de espanto. Comandos civiles revolucionarios que acababan de tomar la estación ferroviaria y la comisaría local, habían encontrado en el interior de un galpón, los restos calcinados del Grumman de Estivariz junto a los cuerpos de sus tres tripulantes con claras evidencias de que habían sido acribillados a balazos.
Se supo también que la noche del 18 de septiembre, Carlos Mey se se había apersonado en el puesto de mando de las fuerzas que ocupaban Saavedra para solicitar autorización de retirar los cadáveres de los aviadores muertos y darles cristiana sepultura. No solamente que se la negaron sino que, además, lo conminaron a permanecer en su hogar y no moverse de ahí hasta nueva orden. El distinguido vecino había vuelto a su casa abatido, angustiado al pensar en aquellos tres cuerpos calcinados, tendidos en pleno campo bajo las estrellas, a merced de la noche, las alimañas y las inclemencias del tiempo. Por esa razón, al la mañana siguiente, haciendo caso omiso de la directiva castrense, se dirigió al lugar acompañado por su esposa y el cura párroco de la localidad, para cubrirlos con una manta[3].
Perren y Rial se comunicaron entre sí para tratar el asunto y sin más pérdida de tiempo decidieron el envío de un helicóptero para recoger y trasladar los cuerpos hacia la base aeronaval. Fueron seleccionados para esa misión los tenientes Juan María Vasallo y Raúl Fitte, quienes partieron de Comandante Espora alrededor de las 10.00.
La aeronave se posó en las afueras de Saavedra, a los pies de la Sierra de la Ventana y en lo que fue un penoso procedimiento, los restos de los tres aviadores fueron cargados e introducidos en su interior, siempre cubiertos por sábanas. Tal era la indignación imperante en esos momentos que el capitán Justiniano Martínez Achával agredió a un oficial prisionero alojado en las cercanías.


El galpón donde fueron escondidos los restos del Grumman J2F-5 y los cuerpos semicalcinados de Estivariz, Irigoin y Rodríguez presentaba este aspecto en 1993 (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)

Los cuerpos de Estivariz, Irigoin y Rodríguez llegaron a Espora alrededor de las 12.20 horas. El helicóptero conducido por Vasallo y Fitte, se posó suavemente en la pista e inmediatamente después, una ambulancia se aproximó a él. “…todo el personal de la Base Espora esperaba, en un silencio impresionante, los restos de los camaradas caídos, nuestras únicas bajas, en la lucha que parecía estar llegando a su fin. La proximidad de la victoria no reducía el dolor por la pérdida de esas vidas. Nuestros amigos habían muerto durante un ataque que llevaron a cabo con clara conciencia del alto riesgo que implicaba. Pues antes de decolar, el Capitán Estivariz había comentado que los ataques anteriores habían sido poco efectivos, por realizarse desde una altura excesiva y que él conduciría su escuadrilla en vuelo rasante. Con un gesto descartó las objeciones que se le hicieron, basadas en la vejes de sus aviones y en sus características, propias de aviones de observación, que los harían presa fácil del fuego antiaéreo de los tanques. Sereno, reflexivo, de conocida inteligencia y capacidad profesional, jefe de la escuadrilla de Grumman desde hacía tiempo, el Capitán Estivariz conocía tanto como el mejor los riesgos a que se exponía atacando en vuelo rasante, y por ello su decisión fue un alto ejemplo de valor y abnegación”, refiere el contralmirante Perren en su obra[4].



Capitán de corbeta Eduardo Estivariz. Caído en combate en Saavedra (P.B.A.) (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)


Teniente de fragata Miguel E. Irigoin. Caído en combate (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)


Suboficial mayor Juan I. Rodríguez. Caído en combate (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)


Ese día se produjeron serios incidentes en la ciudad de Rosario, al chocar manifestantes justicialistas con la policía, y si bien hubo destrozos, agresiones y corridas, afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas. Sí las hubo en Mendoza cuando pasadas las 13.00 se generaron una serie de disturbios que llevaron intranquilidad a los altos mandos de la revolución. En la oportunidad, el jefe de Policía local se alzó contra las fuerzas sediciosas a las que había apoyado el día 18, intentando copar la Comisaría 1a. El alzamiento fue sofocado rápidamente y su jefe encarcelado junto a sus hombres y unos pocos militantes que se les habían sumado. Sin embargo, lo más grave ocurrió en esa misma ciudad cuando una columna de civiles armados, casi todos integrantes de las centrales obreras y unidades básicas justicialistas, atacaron un puesto militar en apoyo a la acción policial. En el tiroteo que tuvo lugar durante el asalto, cayeron muertos varios y otros resultaron heridos, en tanto el resto se dio a la fuga presurosamente.

Donde también se registraron enfrentamientos fue en la ciudad de Mar del Plata.
El mismo día en que se produjo el bombardeo naval, grupos de civiles antiperonistas comenzaron a reunirse en el centro de la urbe para manifestar su apoyo al alzamiento militar. Hombres y mujeres de diferentes edades y estratos se dieron cita encalles y esquinas de la zona céntrica, para marchar bajo la lluvia en dirección al puerto, enarbolando banderas y luciendo escarapelas, aún cuando en aquel sector se combatía intensamente.
El grupo principal se concentró cerca de las 11.00, en proximidades de la Av. Independencia y la costanera, hasta totalizar unas 200 personas que iniciaron una procesión a la que se sumaron varios automovilistas, entremezclando sus cánticos y bocinas con el intercambio de disparos entre la Escuela Antiaérea y los buques de la Armada.
Inmediatamente después, se registraron las primeras acciones violentas cuando partidarios del gobierno armados, ganaron las calles para agredir a los manifestantes. Estos últimos, sin quedarse atrás, se abalanzaron sobre cuando local partidario, oficina o representación sindical cruzaron en su camino, con la intención de destruirla.
Cerca de las 11.00, una treintena de  agentes policiales tomaron posiciones a escasos metros de la Seccional 1ª, en la esquina de Rivadavia y se apoderaron de la dependencia que estaba pronta a ser ocupada por efectivos de la Marina. Sin embargo, al ver a numerosos manifestantes concentrándose en el frente, tomaron armas y pertenencias y abandonaron la abandonaron en el más completo desorden, perseguidos por algunas personas.
Cuando la muchedumbre supo que en el interior permanecían detenidos varios presos políticos, entre ellos el Dr. Giordano Etchegoyen, rompió puertas y ventanas y provista de palos y barras de hierro ingresó en la guardia para liberarlos. Los más exaltados arrojaron al piso los cuadros de Perón y Evita que colgaban de las paredes y los hicieron pedazos mientras que otro grupo arrojaba a la calle papeles y carpetas con los prontuarios e iniciaban con ellos una gran fogata.
En tanto esto ocurría en la central de policía, otros grupos recorrían la ciudad en pos de venganza. Uno de ellos tomó por asalto la sede de la CGT para arrojar su mobiliario por las ventanas y hacer con ellos otra hoguera, lo mismo en el Centro de Empleados de Comercio y las principales unidades básicas de la ciudad. También marcharon a las redacciones de los diarios “La Mañana” y “El Trabajo”, apedreando el frente del primero y vivando la acción opositora del segundo.



Esta fotografía que reproduce el sitio de la Fundación Histarmar aparece también en el libro de Isidoro Ruiz Moreno, La Revolución del 55 (Tomo II). En ella se observan a cuatro pilotos navales, de pie, en el centro, el TN Miguel E. Irigoin; a la derecha el CC Eduardo Estivariz, en los días del conflicto (Imagen: gentileza Fundación Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)

En las primeras horas del martes 20 de septiembre, cuando todavía era de noche, se produjo un violento tiroteo en las inmediaciones del Palacio Municipal entre milicianos armados que se desplazaban a bordo de camiones y patrullas navales que  recorrían la ciudad.
Promediando la tarde, un considerable número de personas se dirigió al edificio del Sindicato Gastronómico, para tomarlo por asalto y cometer destrozos. La multitud ingresó forzando las puertas e inmediatamente después arrancó placas alusivas, destruyó cuadros e imágenes e hizo pedazos el mobiliario cuyos restos arrojó a la calle desde los balcones junto con los libros de contabilidad, biblioratos y toda la documentación de la representación gremial, para hacer con todo ello una gran fogata. Durante el asalto a la sede, uno de sus defensores disparó sobre la turba hiriendo de gravedad a uno de los manifestantes que encabezaba la columna y a punto estuvo de ser linchado.
Otro grupo tomó por la tradicional Av. Independencia, cuyo nombre había sido cambiado por el de Eva Perón, y desclavó todas las placas en las que se leía el nombre de la fallecida esposa del mandatario destrozando, además, los relojes florales que señalaban la hora de su deceso en las plazas.
Mientras tanto, frente a la Municipalidad, numerosas personas aguardaban la llegada de los representantes del Comando Revolucionario, para hacerse cargo de la ciudad.
Cerca de las 14.00, un importante grupo de militantes peronistas destrozó las vidrieras de Casa López, la principal armería de Mar del Plata, ubicada sobre la calle San Martín y se apoderó de todas las armas que allí había, dispersándose enseguida en diferentes direcciones. Poco después, esos activistas se enfrentaron con patrullas navales que recorrían las calles de la ciudad, generando violentos enfrentamientos en diferentes puntos de la zona céntrica.
Mientras tenían lugar esos hechos, manifestantes antiperonistas saquearon la residencia del general Franklin Lucero e incendiaron la imponente residencia del dirigente industrial Jorge Antonio, ubicada en la intersección de las calles Rodríguez Peña y Lavalle, destruyéndola por completo (solo quedaron en pie algunos muros).
Para entonces, un total de cinco personas habían sido internadas en el Hospital Regional, producto de los enfrentamientos entre partidarios y opositores al gobierno.
En vista del cariz que estaban tomando los acontecimientos, a las 18.00 el Comando Revolucionario decidió evacuar la Municipalidad y una hora después, cortó el tránsito al tiempo que reforzaba la vigilancia en todo el perímetro de la urbe, contando para ello con los efectivos que desembarcaban del “9 de Julio” . Para entonces, el jefe militar de la ciudad, capitán de corbeta Carlos López, designó encargado del gobierno comunal al capitán de corbeta Juan M. Bisset, y como jefe de policía, bomberos y prefectura marítima, al teniente de navío de Infantería de Marina, Jorge Alberto de Urquiza.
Regían en todo el país la ley marcial y el toque de queda y por consiguiente, estaba terminantemente prohibida la circulación de automóviles después de las 20hs., lo mismo las reuniones de personas en locales o la vía pública.
Las dotaciones de bomberos trabajaron durante todo el 19 para apagar los incendios de los tanques de petróleo bombardeados en la madrugada del 19, los que fueron controlados recién el martes 20 por la tarde. Como en otros puntos del país, las clases se hallaban suspendidas, medida que se extendería hasta el 21 de septiembre dado que los enfrentamientos y el clima de violencia no habían finalizado.

En la tarde del 20 de septiembre, la Unión Obrera regional emitió un comunicado exhortando a los trabajadores a desligarse e todo compromiso con la CGT y desestimar todo llamamiento a empuñar las armas o adherirse a paros o huelgas. Su texto decía:

El movimiento de amigos de la Unión Obrera Local que nuclea a trabajadores de Mar del Plata (…) exhorta (…) a todos los trabajadores a concurrir al trabajo desoyendo cualquier intento de paralización. Trabajar y trabajar con entusiasmo  en las respectivas ocupaciones, significa en la situación actual ayudar al afianzamiento de la paz y dar la contribución merecida a las fuerzas de liberación que hoy controlan la vida de la ciudad.
Obreros: todos al trabajo, sin odios destructores a colaboraren la normalización y pacificación del país y con entusiasmo a reconstruir el auténtico y digno movimiento obrero.

Movimiento de Amigos de la Unión Obrera Local
Por su parte, el Comando Militar de Mar del Plata emitió su comunicado Nº 7 en el que se prohibía la venta de nafta y solicitaba a la población ahorrar al máximo la energía eléctrica. Poco después, a través del comunicado Nº 9, advirtió que “todo aquel que se oponga a la apertura de los negocios o a la concurrencia de los obreros y empleados a puestos de trabajo, será considerado saboteador y se le aplicará la Ley Marcial. Fdo. Carlos López, capitán de fragata, comandante militar”.


En la mañana del 20 de septiembre, el Comando Revolucionario en Puerto Belgrano recibió un comunicado desde la Patagonia, notificando que en la tarde del 19 habían sido retirados de la cárcel de Río Gallegos los ex oficiales del Ejército Alejandro Agustín Lanusse y Agustín D’Elía para ser en enviados a la ciudad de Rawson donde iban a ser puestos en libertad junto a otros oficiales que se encontraban en la misma situación. Como explica el contralmirante Jorge E. Perren, comenzaban a ser liberados los camaradas del Ejército recluidos en establecimientos penales de la Patagonia por su intervención en el alzamiento del general Benjamín Menéndez, en septiembre de 1951, pero faltaban los cabecillas del 16 de junio, almirantes Aníbal Olivieri y Samuel Toranzo Calderón que con el grupo de oficiales que los acompañaba, casi todos pertenecientes a la Armada y la Fuerza Aérea, se hallaban recluidos en el penal de Santa Rosa, provincia de La Pampa.
Por esa razón, aquella mañana del 20 de septiembre se envió hacia allí un avión naval para que sobrevolase el penal y arrojase volantes en los que se informaba a las autoridades del instituto penitenciario que el Comando Revolucionario los hacía responsables por la suerte de los detenidos. Su aproximación fue detectada por los vigías de tierra quienes lo recibieron con nutrido fuego de armas automáticas sin alcanzar al aparato.
En horas de la tarde, cuando los relojes daban las 15.40, la Base Naval de Puerto Belgrano recibió del Comando de Operaciones Navales un comunicado emitido a las 15.17, en el que se ordenaba el envío de un avión de transporte hacia Santa Rosa de Toay, a efectos de trasladar desde ese lugar a los almirantes Toranzo Calderón y Olivieri junto al resto del personal detenido. El avión y su escolta volaron hacia La Pampa pero no pudieron aterrizar debido a la inclemencia del tiempo y por esa razón, la operación debió ser pospuesta para el día siguiente.
A las 14.30 un Piper exploró la Ruta 3 hasta la latitud 4, sin novedad. El mismo aparato repitió la operación a las 18.50 con los mismos resultados y una hora después, comunicó su aterrizaje en Comodoro Rivadavia, sin nada que reportar. Para entonces, la moral de las tropas gubernamentales que se retiraban de los escenarios de guerra era bajísima y se producían deserciones en masa, mientras noticias alarmantes, casi todas sin fundamento, saturaban las radios.
El parte de guerra publicado en la revista “Cielo” refiere lo siguiente: “20 de septiembre (martes): La mañana se va haciendo pesada y entonces buscamos un poco de distracción…Me consigo un freno y me procuro cabalgadura. El pobre estaba un poco flaco y era matungón, pero lo mismo me cargó un buen rato. Tengo unas ganas terribles de reunirme con el curso…es suficiente un poco de ausencia para comprobar que se los extraña a los muchachos…
“El rancho lo constituyó un poco de locro rápidamente tomado de un jarro de mate.
“Estoy notando que a causa de la inactividad la disciplina se está aflojando un poco…
“El campo está reseco y los animales abandonados tienen un hambre que los enloquece.
“Más tarde debemos realizar otro cambio de posiciones y tras reunir mi grupo, nos dirigimos a la chacra que patrullamos ayer (o anteayer), en realidad perdemos un poco la noción del tiempo…¡son tan parecidos los días!.
“La noche, negra como la tinta, nos trae otra vez el ‘agradable’ trabajito de construir el pozo de tirador.
“Tal vez mi cuerpo esté ya saturado de dormir en el suelo, pues en señal de protesta, no encuentro una posición cómoda y no me deja dormir en toda la noche…para peor es terrible el rocío que cae y como tenemos una sola manta la tierra helada se nos antoja un témpano…
“En resumen: una noche para el recuerdo…nunca un amanecer fue más esperado que el de este 21 de septiembre. Día de la Primavera…”[5].
Durante toda aquella jornada, las fuerzas de la revolución estuvieron consolidando sus posiciones al tiempo que las tropas leales se replegaban. Cuando a las 21.10 de ese día el comandante de Puerto Belgrano comunicó al contralmirante Rojas que todo el sur había capitulado, no quedaban más dudas de que el gobierno de Perón llegaba a su fin. La revolución estaba triunfando aunque el conflicto no había finalizado todavía.

Notas

  1. Se trataba del Regimiento 12 de Infantería.
  2. A las 21.00 fueron enviadas a Puerto Belgrano, donde fueron alojadas en sus depósitos.
  3. Rodolfo J. Walsh, "Aquí cerraron sus ojos", Revista "Leoplan", Bs. As., octubre de 1956, pp. 46 y ss.
  4. Jorge E. Perren, op. cit, p. 265.
  5. “…del Diario de un Cadete”, revista “Cielo”, Buenos Aires.

Terrorismo: Kenia siente una baja en el turismo

El turismo en Kenia está disminuyendo a medida que la seguridad se deteriora
Por Matt Phillips - Quartz


Oficiales de seguridad kenianas patrullan en la ciudad Mpeketoni, a unas 60 millas (100 kilómetros) de la frontera con Somalia, en la costa de Kenia, donde decenas han muerto en los combates recientes. No es lo que muchos turistas quieren ver durante sus vacaciones. AP Photo

La situación de seguridad de Kenia sigue deteriorándose. Los ataques a lo largo de la costa de Kenia quedaron más o menos 65 muertos en dos ataques separados la semana pasada. El grupo militante islámico somalí al-Shabaab, que se ha atribuido la responsabilidad de los ataques, también estuvo detrás del ataque contra el Westgate Mall en septiembre de 2013, que dejó al menos 67 muertos, entre ellos muchos extranjeros.

Además de los costos humanos, los ataques también están tomando un costo económico. Los EE.UU. y el Reino Unido han emitido avisos de turismo que advierten a sus ciudadanos de los ataques terroristas y secuestros. Los disturbios en curso, y la respuesta inicial del gobierno de Kenia de culpar a los opositores políticos de la violencia, son un riesgo clave para la industria turística importante de Kenia, que de otra manera parecía a punto de crecer, como muestra la tabla siguiente.



Según los analistas de Moody 's Investors, la industria del turismo emplea al 12% de la fuerza laboral del país y representa el 13,7% del PIB-cuenta tanto directos e indirectos. Algunas estimaciones sugieren que las nuevas actividades-tales relacionadas con el turismo como la inversión en hoteles, servicios de limpieza y la compañía aérea actividad por cuenta de otra más o menos 5.5% del PIB. Moody de:

Los hoteles en los cotos de caza siguen operando a menos del 50% las tasas de ocupación y una recuperación inmediata en la costa de turismo en el que el nivel de amenaza sigue siendo elevada-parece poco probable, desde luego no a tiempo para la temporada alta de verano. Todo esto apunta a una nueva caída en las llegadas de turistas para el 2014 el número de llegadas de visitantes extranjeros que ya había estado en un declive constante, de 1,8 millones en 2011 a 1,5 millones en 2013.