sábado, 15 de agosto de 2026
USMC: La reorganización de la infantería de marina norteamericana
¿En qué se están convirtiendo los marines estadounidenses?
El Departamento de Defensa de Estados Unidos (Pentágono) está implementando un importante programa de reestructuración del Cuerpo de Marines denominado Diseño de Fuerzas. Este programa afecta principalmente a varios tipos de vehículos de combate y apoyo; algunos de estos diseños ya se han desplegado en unidades de combate y participan en ejercicios. Un evento reciente demostró cómo está cambiando la imagen del Cuerpo en la práctica.
Eventos de aniversario
En 2025, el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos celebró su 250 aniversario. Se llevaron a cabo varios eventos conmemorativos. Uno de ellos tuvo lugar a finales de julio de 2025 en el campo de entrenamiento de Camp Pendleton, California: un ejercicio de demostración mostró la imagen actualizada del Cuerpo y sus capacidades modernas.El ejercicio comenzó con un desembarco anfibio en una costa defendida por fuerzas enemigas simuladas. Los marines llegaron a la costa por agua y aire, empleando casi toda la gama de lanchas de asalto anfibias, vehículos anfibios y aeronaves disponibles .
El Cuerpo de Marines contó con el apoyo de la Armada. El buque de asalto anfibio USS Boxer (LHD-4) desempeñó un papel fundamental en los ejercicios; también participó uno de los buques de transporte de la clase San Antonio. Estos buques transportaron vehículos anfibios al campo de tiro marítimo y brindaron apoyo a las operaciones de helicópteros. La Armada también proporcionó aerodeslizadores LCAC, que desembarcaron algunos de los vehículos de combate directamente en la playa.
Los vehículos blindados anfibios (ACV) llegaron a la costa por sus propios medios, y los vehículos blindados con ruedas (LAV-25) también se exhibieron en el campo de tiro. Varios modelos de vehículos con armamento y equipamiento diversos participaron en los ejercicios. Destacaron aquellos equipados con sistemas de guerra electrónica, que presumiblemente protegen a otros vehículos de amenazas modernas como drones de ataque y municiones guiadas de precisión.
Las embarcaciones transportaron vehículos blindados JLTV, sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes M142 HIMARS, lanzadores NMESIS y otros equipos. Los LCAC también desembarcaron obuses remolcados M777 y los desplegaron.

Un vehículo blindado de transporte de personal ACV frente a un buque de desembarco de la clase San Antonio.
También se llevó a cabo un asalto aerotransportado. Helicópteros CH-53 Sea Stallion de diversas modificaciones y aeronaves de rotor basculante MV-22 Osprey desembarcaron tropas en la costa; el escenario incluyó además un desembarco de paracaidistas. Cazas F-35B brindaron apoyo aéreo al desembarco.
Posteriormente, las unidades se dirigieron a operaciones contra un enemigo simulado, practicando maniobras terrestres y desplegándose en posiciones. Fusileros asaltaron edificios simulados, mientras que la artillería y los sistemas de misiles atacaron objetivos distantes. Se realizaron ejercicios de tiro real en el campo de entrenamiento.
Tras el ejercicio, el servicio de prensa del Pentágono elaboró un video promocional. Imágenes de los campos de entrenamiento marítimo y terrestre acompañaron discursos de funcionarios y declaraciones sobre el papel del Cuerpo de Marines y su importancia para la seguridad nacional.
Nueva imagen
El Cuerpo de Marines se somete regularmente a programas de modernización de diversa envergadura. El último gran plan de modernización, Diseño de Fuerza, se encuentra actualmente en marcha.Su desarrollo comenzó a finales de la década de 2010 y el plan final se presentó en 2020. Inicialmente, se denominó Diseño de Fuerza 2030, fecha que indicaba el plazo de implementación. Posteriormente, se eliminó el 2030 del título, pero los principios básicos se mantuvieron.
El Diseño de Fuerza modifica la estructura organizativa de las unidades del Cuerpo de Marines. Su núcleo es el Regimiento Litoral de Marines. Dicho regimiento consta de un elemento de mando y un grupo de combate litoral: un batallón de infantería reforzado por una batería de misiles antibuque. Estos se complementan con batallones de defensa aérea y logística, así como con unidades de cuartel general y comunicaciones. Es esta batería de misiles, y no la artillería regimental tradicional, la que define la especialización de combate del regimiento.
El programa contempla un rearme importante de las unidades. Los tanques M1A1 Abrams han sido eliminados por completo del Cuerpo de Marines : los batallones de tanques han sido disueltos y el equipo transferido al Ejército y la Reserva. Al mismo tiempo, se ha iniciado la sustitución de los vehículos blindados anfibios para el transporte de infantería. El papel de la artillería de tubo se está reduciendo en favor de la artillería de cohetes, se están introduciendo lanzadores autónomos con diversos tipos de misiles y se está prestando especial atención a las aeronaves no tripuladas de pequeño y mediano tamaño.
El abandono de los tanques y la dependencia de los "regimientos litorales" centrados en misiles se han convertido en algunas de las decisiones más controvertidas del programa. Un grupo de generales retirados de la Infantería de Marina se opuso públicamente a ellas, argumentando que estas medidas privan al Cuerpo de versatilidad y de la capacidad de llevar a cabo operaciones combinadas a gran escala más allá de su limitado nicho antibuque. Los partidarios del programa Force Design argumentan que los recursos y el personal liberados se están redirigiendo a misiones prioritarias para el teatro de operaciones del Pacífico: misiles antibuque, defensa aérea, reconocimiento y drones. La controversia aún no se ha resuelto. El programa también afecta a la flota anfibia de la Armada : continuará la construcción de grandes buques de desembarco y nuevos tipos de embarcaciones.
Muestras prometedoras
La nueva imagen del Cuerpo de Marines se basa en varios modelos de equipos avanzados, algunos de los cuales ya están en servicio activo o en fase de pruebas de campo.Uno de los principales avances de los últimos años es la familia ACV de vehículos anfibios blindados sobre un chasis de ruedas común. Consta de cuatro variantes: el transporte blindado de personal ACV-P, el vehículo de combate de infantería ACV-30, el puesto de mando ACV-C y el vehículo de recuperación ACV-R. Actualmente, el ACV-P y el ACV-C son los que predominan en servicio, mientras que el ACV-30 y el ACV-R se encuentran en las primeras fases de desarrollo y pruebas.
El Pentágono adjudicó el primer contrato para la preproducción de 116 vehículos ACV-P en 2018. En los años siguientes se firmaron contratos para la entrega en serie del ACV-P y el ACV-C, que suman más de doscientos vehículos. Los informes públicos detallan las entregas por lotes individuales, sin un resumen por año o variante, por lo que las cifras finales solo pueden ser aproximadas. También existe un pedido de compartimentos de combate para el ACV-30, pero la producción de este vehículo aún no ha comenzado.
En total, Force Design planea adquirir aproximadamente 632 vehículos anfibios ACV, una reducción respecto al plan original de más de mil unidades. Estos reemplazarán a los vehículos anfibios AAV7A1, que fueron retirados oficialmente en 2025. Sin embargo, la cantidad de vehículos nuevos será menor que la de los retirados: no se trata de un reemplazo uno por uno.
Otro ejemplo importante es el sistema de misiles costeros NMESIS. Desarrollado a principios de la década, actualmente se encuentra en fase de ensayos militares y operativos, incluyendo su despliegue en el extranjero. El sistema se compone de elementos probados, a los que se suman nuevas soluciones.
Su núcleo es el lanzador autónomo autopropulsado ROGUE-Fires, montado sobre un chasis JLTV no tripulado (controlado de forma remota y autónoma). Este se desplaza de forma autónoma a lo largo de una ruta, alcanza una posición de disparo y se prepara para lanzar los misiles.
Como parte del NMESIS, el lanzador transporta dos misiles antibuque NSM. Se prevé que estos misiles alcancen objetivos de superficie a distancias superiores a 185 km (más de 100 millas náuticas). También se está considerando equipar el ROGUE-Fires con otros tipos de municiones, incluyendo el avanzado misil de crucero Maritime Strike Tomahawk.
Movilidad y eficiencia
El programa tiene varios objetivos clave. El principal es optimizar la composición del Cuerpo para hacer frente a los desafíos y aprovechar las capacidades actuales del Pentágono. Esto incluye no solo la reestructuración, sino también la reducción del tamaño de las estructuras individuales.En su nueva configuración, las unidades del Cuerpo de Marines deben ser más ágiles: un batallón o regimiento debe poder desplegarse rápidamente en el campo de batalla sin perder su capacidad de ataque. Por ello, se está modernizando parte del equipo, introduciendo sistemas como el NMESIS.
Este se basa en el concepto de operaciones expedicionarias avanzadas en base (EABO): pequeñas unidades dispersas, armadas con misiles antibuque, operan desde islas y zonas costeras de concentración, amenazando a las flotas enemigas y controlando áreas marítimas clave. La doctrina actual asigna al Cuerpo de Marines un papel principalmente en la región del Océano Pacífico, frente a la amenaza china. De ahí la necesidad de un rápido desplazamiento entre el territorio continental de EE. UU., las bases insulares y las zonas de concentración oceánicas.
En general, se están cumpliendo los objetivos de modernización, aunque algunos proyectos se están estancando: la producción en serie del ACV-30 y el ACV-R está por detrás de las versiones básicas, y el plan general de adquisición de ACV ha tenido que reducirse. Resulta significativo que la reducción del alcance y los retrasos en el cronograma no se deban a fallos en la implementación, sino que sean consecuencia de la propia lógica del programa: el Cuerpo de Marines está sacrificando deliberadamente la producción en masa y la versatilidad en aras de una capacidad antibuque altamente especializada para el teatro de operaciones del Pacífico. Por lo tanto, la evaluación final del diseño de la fuerza depende de una sola pregunta: si el enfoque en un conflicto frente a las costas de China resultará acertado. El mando del Cuerpo de Marines y el Departamento de Defensa no tienen ninguna duda de que esta es la decisión correcta y consideran los ejercicios recientes como una confirmación de su rumbo.
- Kirill Ryabov || Revista Militar
viernes, 14 de agosto de 2026
Guerra de Vietnam: Escena de combate el 3 de enero de 1968
Escena de un combate aéreo

Vietnam del Norte, 3 de enero de 1968 – 15:00 horas, provincia de Phú Thọ
Escenario: Intercepción aérea durante la Operación Rolling Thunder
Con el cielo sobre Hanoi densamente cruzado por las trayectorias de los cazabombarderos estadounidenses, una oleada de F-105 Thunderchief escoltados por cazas F-4 Phantom II avanza hacia el estratégico patio ferroviario de Kinh No. En respuesta inmediata, el mando aéreo norvietnamita autoriza el despegue del único MiG-21PFM operativo en la base de Noi Bai: el aparato identificado como “Rojo 5030”, pilotado por el teniente Ha Van Chuc.
Tras alcanzar altitud operativa sobre la región de Yen Chau, el radar de Chuc le revela una formación densa y bien estructurada del 388th Tactical Fighter Wing. Tres bloques separados, cada uno con 36 aeronaves, se desplazan en una compleja formación de ataque con escolta aérea en múltiples capas. Chuc solicita autorización para entablar combate y recibe luz verde.
Detectando que una patrulla MiGCAP de cuatro F-4 maniobra agresivamente para interceptarlo de frente, Chuc ejecuta un viraje amplio a estribor, con la intención de sorprender al primer grupo de F-105 por el flanco. Sin embargo, la velocidad superior de su MiG y la rápida tasa de cierre impiden que pueda establecer una solución de tiro efectiva con sus misiles aire-aire. En un instante, ha cruzado por encima de la segunda y tercera agrupación de Thunderchiefs.
Tal como entrenado, y ante la amenaza de un caza enemigo, la formación líder de F-105 interrumpe su misión de bombardeo, libera su carga sobre área abierta y vira para perseguir al MiG. Los F-4 también entran en persecución, iniciando un complejo escenario de combate aire-aire en múltiples vectores.
Chuc responde con maniobras evasivas de alta carga G, logrando reposicionarse detrás de los F-105, ahora más lentos por su configuración de ataque. Aprovechando la ventana táctica, alinea a su objetivo: un F-105D que vuela aún con depósitos y misiles bajo las alas. A una distancia de poco menos de un kilómetro, su sistema de guiado infrarrojo R-3S traba la firma térmica del escape del jet enemigo. Sin dudarlo, lanza un misil.
El impacto es inmediato y devastador: el Thunderchief, matrícula 58-1157 y pilotado por el coronel J. E. Bean, se consume en llamas antes de desintegrarse en el aire. Los restantes F-105 rompen formación en un intento por evadir un segundo ataque, pero Chuc ya ha acelerado al máximo con postquemadores, dirigiéndose hacia el este a baja altitud, mientras las formaciones estadounidenses son alcanzadas por una nueva amenaza desde tierra: una andanada de misiles tierra-aire SA-2 Guideline lanzados desde posiciones camufladas en la región de Bac Giang.
Resultado:
Un derribo confirmado por parte de la Fuerza Aérea Popular de Vietnam en un entorno de superioridad aérea estadounidense. La acción de Ha Van Chuc se convierte en un ejemplo táctico de cómo un único interceptor, correctamente empleado, puede desorganizar una formación entera y forzar la interrupción de una misión ofensiva.
jueves, 13 de agosto de 2026
Invasiones inglesas: El verdadero nacimiento de la Nación Argentina

A 220 años de la Reconquista de Buenos Aires: los encarnizados combates en la ciudad y el plan para provocar la huida de Beresford
Se cumple la fecha de cuando Santiago de Liniers se consagró como el ídolo de la reconquista, al recuperar la ciudad que durante 49 días estuvo en poder británico. Cómo se peleó calle por calle para acorralar a los ingleses dentro del fuerte
Adrián Pignatelli || Infobae + Addendum
Cuando todo terminó. Beresford se rinde ante Liniers frente al Cabildo (Cuadro de Charles Forqueray, 1910)
Ya en septiembre de 1806 era habitual ver a soldados ingleses caminar con libertad en la ciudad e ir a comer a la fonda de los Tres Reyes, en la esquina del fuerte. Pero como se temía una nueva invasión, el Cabildo propuso llevar a los oficiales y a la tropa al interior y hacerlos juramentar no volver a tomar las armas contra España en sus dominios.
William Beresford, el general británico de 37 años, gobernador de Buenos Aires durante 49 días, después de protestar un poco, accedió a dar su palabra y no servir contra España hasta tanto no se resolviese su situación.
En la tarde del 11 de octubre, los llevaron fuera de la ciudad y, con pesar por las comodidades con las que contaba, Beresford debió dejar la casa donde se alojaba, la de Félix de Casamayor, a quien le obsequió su catalejo de campaña. A las siete de la mañana del día siguiente llegaron a Luján, donde se movieron libremente como si estuvieran en su casa durante unos cuatro meses.
Desde la Banda Oriental, Santiago de Liniers reunió una fuerza para enfrentar, en Buenos Aires, al invasor
El que fue un asiduo visitante de Beresford era Saturnino Rodríguez Peña, integrante de un grupo que perseguía la intención de lograr la independencia de esas tierras bajo el paraguas de un protectorado británico. Ambos hombres compartían la afinidad de ser masones. Para ello, debía fugarse, cosa que se armó la noche del 10 de febrero de 1807. Después de innumerables peripecias y pasos de comedia, Beresford embarcó hacia Montevideo, donde una fuerza británica se había apoderado de la ciudad.
Así había logrado eludir el confinamiento al que había sido sometido junto a sus oficiales luego de la derrota del 12 de agosto del año anterior, día conocido como el de la Reconquista de Buenos Aires.
Mucho había ocurrido desde que ese lunes 4 de agosto Santiago de Liniers, que había partido de Colonia al frente de media docena de sumacas y cañoneras, más una decena de transportes y algunas embarcaciones particulares, desembarcaba en el pago de Las Conchas, actualmente Tigre, luego de capear un temporal de aquellos. Una densa niebla fue su aliada para pasar desapercibido cerca de los barcos ingleses. Liniers se encomendó a la Virgen del Rosario. 176 años después los argentinos volverían a invocarla cuando en medio de un mar embravecido, se dirigían a recuperar las Malvinas.
William Carr Beresford comandó las tropas invasoras y por casi dos meses fue gobernador de Buenos Aires
Había armado, en Montevideo, una fuerza de unos 600 hombres, entre soldados y voluntarios y se reunió con otros centenares que lo esperaban en las inmediaciones. Había comenzado el operativo de reconquista de Buenos Aires.
Ese temporal había destruido seis cañoneras inglesas: dos se hundieron, tres terminaron destrozadas contra las toscas y catorce hombres murieron ahogados. La única defensa fue una goleta, al mando del teniente Herrick.
Muchas cuestiones escapaban a los ingleses de su control. No confiaban tanto de la cordialidad y hospitalidad de muchas familias porteñas, que albergaban a los oficiales. Sabían que había reuniones nocturnas donde se conspiraba y la gente practicaba el uso de armas; era habitual la desaparición de centinelas ingleses y había casos de soldados apuñalados para quitarles sus armas. Hasta se descubrió un túnel ideado por el catalán Felipe de Santenach para hacer volar el cuartel de la Ranchería que ocupaba el Regimiento 71 de Highlanders.
La conspiración se olía en el ambiente, y los invasores estaban convencidos de que no eran hechos aislados, sino que todo obedecía a un plan elaborado por las propias autoridades españolas. Los ingleses reforzaron las guardias en las pulperías y almacenes, donde concurría mucha gente.
Plano de Buenos Aires de los tiempos de las invasiones. Solo un puñado de manzanas pobladas
Tampoco se dejaban engañar por el papel que cumplía el obispo, que exageraba por demás su respeto a Beresford. Los curas se las pasaban cautivando con promesas a soldados británicos, tratando de ganarlos a la causa.
La noche del 31 de julio, Beresford estaba pasando el tiempo en el Teatro de la Comedia cuando le informaron que una fuerza de españoles se encontraba a unos veinte kilómetros al noroeste de la ciudad. Ordenó al coronel Denis Pack alistar al Regimiento 71, para salirles al encuentro.
El 1 de agosto chocaron en la chacra de Perdriel, en tierras de lo que hoy es Villa Ballester. Un grupo de hombres liderados por Juan Martín de Pueyrredón, mal armados, se enfrentó durante una hora con una columna al mando del propio Beresford, quien estuvo todo el combate lidiando por desenvainar su espada, trabada por la humedad.
Hubo una carga furiosa de un par de jinetes que tuvieron como blanco al propio general. El capitán Arbuthnot paró a uno, y el fuego nutrido de granaderos derribó al otro jinete.
Juan Martín de Pueyrredón fue un actor importante en la lucha contra los británicos
Aun cuando todo estaba perdido, una carga temeraria del propio Pueyrredón alcanzó para arrebatarle al enemigo un carro con municiones. Debió ser auxiliado porque en la refriega le habían matado el caballo.
Los ingleses tomaron a un prisionero, un desertor alemán llamado Shennon, que no quería abandonar el cañón que operaba. Terminó fusilado en Buenos Aires. El invasor se convenció que si quería seguir dueño de la ciudad, debían recibir refuerzos.
Al día siguiente de su desembarco, Liniers marchó hacia San Isidro, donde tenían provisiones frescas y abrigo. Porque entre el 4 y el 8 no paró de llover.
En la mañana del 8, cuando el tiempo mejoró, se puso en marcha y a la tarde del día siguiente llegaron a la Chacarita de los Colegiales. El domingo 10 el capellán Larrañaga celebró una misa al aire libre y continuaron la marcha hacia los Corrales de Miserere. Desde allí Liniers, con fuerzas que se le fueron sumando, envió un mensajero con una intimación de rendición a Beresford. El mensajero esperó quince minutos la respuesta que no llegó y se retiró. Liniers volvió a enviar a otro, recibiendo el mensaje del inglés que resistiría “hasta el caso que la prudencia lo indicara”.
El irlandés Denis Pack, de 34 años, era el jefe del Regimiento 71 Highlanders
A las cinco de la tarde inició la marcha hacia el Retiro. Antes, se habían adelantado el cuerpo de Catalanes con dos obuses. No fue sencilla la marcha, porque los caminos eran malísimos, con pozos y pantanos.
Fueron los Migueletes y la compañía de infantería de Buenos Aires los que llegaron a la carrera a la plaza del Retiro y batieron, a bayoneta calada, a los 200 ingleses que la defendían y que comenzaron a replegarse hacia el fuerte. En el camino, en la calle del Correo (hoy Florida), se encontraron con Beresford, que comandaba a unos 500 efectivos.
Alentados por Liniers, los voluntarios de Montevideo irrumpieron en la plaza mayor, con artillería comandada por Agustini. Su avance fue letal: dispararon un obús cargado con metralla, logrando la dispersión de las fuerzas que las enfrentaban.
Anochecía y las tropas necesitaban descanso. Liniers con su gente acampó en Retiro e hizo custodiar las bocacalles para evitar un ataque sorpresa. Esa noche la tropa no comió.
Fue tal entusiasmo del encuentro de la tarde anterior, que llegaron al campamento muchos hombres dispuestos a engrosar las filas de ese ejército.
Martín Miguel de Güemes era un joven de 21 años cuando al frente de un grupo de jinetes se apoderó de un buque inglés que había quedado varado en el río
El 11 se ocuparon en montar los 18 cañones que trajo la goleta Dolores y otros que encontraron en el cuartel del Parque. Algunos los apuntaron hacia el río por si la escuadra enemiga abría fuego. Liniers mismo los probó: apuntó a una lancha cañonera y a una fragata. Le abrió un boquete a la primera y cortó la pena de la mesana de la segunda y una bandera británica cayó al agua, lo que fue tomado como un buen augurio.
Por las dudas, mandó a Gutiérrez de la Concha a San Isidro y se embarcase en buques para desbaratar un presunto plan inglés de huir del Río de la Plata con los caudales públicos y con el producto de los saqueos a la ciudad.
La noche del 11 los ingleses se inquietaron por el continuo ladrido de perros que venía de la zona del Retiro. Algo se preparaba.
La mañana del martes 12 los británicos comprendieron lo que estaba sucediendo. En las iglesias y otros puntos de la ciudad estaban llenos de gente. Esperaban la llegada de Liniers para lanzarse con todo contra ellos.
Al amanecer, Liniers mandó tocar generala. Se atacaría la plaza, para lo que dividió su ejército en tres columnas. La de izquierda, con él mismo al frente, entraría por la calle de La Merced; la segunda, por la calle de la Catedral y la de la derecha por la del Correo. La artillería del teniente coronel Francisco Agustini iría adelante a despejar el camino.
Luego de la reconquista, la calma en Buenos Aires no duró ni un año. En julio de 1807 se produjo una nueva invasión (Litografía de Madrid Martínez, 1807)
El ataque sería a las 12, pero debió adelantarlo: amparados por la niebla, un grupo de miñones y marineros llegaron a las nueve a dos cuadras de la plaza y, refugiándose en edificios, comenzaron a disparar a los ingleses quienes respondieron con contundencia. Los atacantes pidieron refuerzos y municiones porque no querían dejar la posición. Liniers mandó la caballería de milicias y los dragones de Buenos Aires con artillería volante por la calle de Santo Cristo y él fue por la calle de la Merced. El combate se generalizó.
Liniers ordenó a un joven salteño que junto a un grupo de gauchos neutralizara al buque inglés Justina que, anclado en donde se levanta la Torre de los Ingleses, bombardeaba la ciudad. Aprovechando una bajante del río, el joven Martín Miguel de Güemes capturó la embarcación.
Los pobladores salían de sus casas y ayudaban a arrastrar los cañones y todo era ímpetu y fervor, y así llegaron a la plaza mayor.
Los británicos tenían prohibido disparar contra las iglesias, pero como parte del fuego provenía de esos lugares, respondían. A los sacerdotes se los veía muy activos en manejar armas y ordenar a la gente.
Los británicos hacían fuego desde el Cabildo, la azotea de la Recova y la Catedral, a las columnas que cada vez eran más numerosas.
El regimiento 71 se mantenía formado en la plaza del mercado, con cañones a cada flanco y uno en el centro. Los marineros estaban en el fuerte ocupándose de los cañones y efectivos del cuerpo de Santa Helena controlaban los accesos de las calles de Santo Domingo y Tres Reyes.
Los primeros en rendirse fueron los de la Catedral; los que estaban en el Cabildo fueron a la Recova, desde cuyo arco el propio Beresford comandaba. A su lado había caído muerto su asistente el capitán Kennet y el alférez de navío Fantin.
A lo largo del puente levadizo del fuerte se veía cómo ingresaban soldados ingleses llevando a compañeros heridos.
Estaban rodeados y les disparaban de todos lados. Entonces Beresford, cruzando su sable sobre su brazo izquierdo, dio la señal de retirada. Se refugiaron en el Fuerte y él fue el último en entrar. Se izó la bandera de parlamento justo cuando un grupo de marineros con escaleras pretendía escalar una de las murallas.
El comandante Mordeille, que apenas podía contener a sus marineros enardecidos, habló con Beresford en francés. Este quiso saber si su vida corría peligro, y le respondió que no, siempre que se rindiese. El general inglés revoleó su sable al pie de la muralla pero Mordeille se lo devolvió por medio de pañuelos atados.
Asustó a los ingleses los gritos de la multitud, que llenó la plaza, mezclados con las tropas que habían llegado del Retiro. Colocaron cañones a solo cincuenta pasos del portón de entrada al fuerte.
Gillespie intentó asomarse por el muro para ver qué ocurría, y alcanzó a bajar la cabeza ante el fuego nutrido de mosquetes. El capitán Quintana, ayudante de Liniers, estaba dentro del fuerte acordando los términos de rendición. Al escuchar los disparos, subió al muro, abrió su chaqueta y con los brazos extendidos se mostró a la multitud. Entonces los ánimos se calmaron.
Cuando vieron que se izaba la bandera española, que alcanzó un marinero, la gente estalló de júbilo.
El francés Raymond, junto al teniente de navío Córdoba y Mordeille arreglaron con el general inglés los términos de la rendición. Los vencidos aceptaron una entrega a discreción.
“¡Pena de vida al que insulte al general inglés!” gritó Córdoba cuando Beresford salió del fuerte y lo condujeron a la presencia de Liniers, que lo esperaba en uno de los arcos del Cabildo junto a algunos oficiales. Se adelantó a recibirlo, le devolvió su espada y lo abrazó. Dispuso que fuera alojado en la casa de uno de sus ayudantes y se arregló la seguridad de las tropas inglesas y sus bienes, y su embarque a Europa, por cuenta de los españoles.
Los ingleses tuvieron 412 entre muertos y heridos, incluidos cinco oficiales, mientras que hubo 180 caídos y heridos entre los criollos y españoles. Liniers lamentó la muerte del vecino Diego de Baragaña y del alférez francés Fantin, que moriría víctima del tétanos.
Eran las tres de la tarde cuando menos de un millar de ingleses marcharon hacia el frente del Cabildo, con sus banderas entre dos filas. Debían dejar en la puerta del Cabildo su armamento, algunos estrellaban sus fusiles contra el piso, y eran registrados. Los soldados fueron distribuidos por el Cabildo en distintos cuarteles, mientras que los oficiales fueron alojados en casas de familia. Esa tarde muchos se refugiaron en el fuerte para evitar la ira de los pobladores.
12 de agosto de 1806: Tal día como hoy, los hispanos del Rio de la Plata, liderados por Santiago de Liniers y Martín de Alzaga, expulsaban a los ingleses de Buenos Aires tras la invasión comandada por William Beresford en junio de ese año.
El 14 el Cabildo nombró a Liniers caballero de la orden de San Juan y gobernador interino, hubo un Te Deum en la Catedral. Esa noche y las dos siguientes la ciudad permaneció iluminada en señal de fiesta.
La misma noche de la reconquista, Liniers y Beresford se reunieron para acordar los términos de la rendición. Al día siguiente se encontraron en la casa del primero y luego otra vez en el Fuerte. Se arregló un intercambio de prisioneros y se allanó el camino a los vencidos a retirarse.
La historia no terminaría allí, solo habría un paréntesis hasta julio del año siguiente cuando se haría frente a una fuerza inglesa, ya que insistían en que Buenos Aires debía ser británica.
Addedum
12 de Agosto de 1806: La Reconquista de Buenos Aires a los británicos gracias al héroe Santiago de Liniers
El 25 de junio de 1806 una escuadra británica al mando del comodoro Home Popham desembarcó en Quilmes a más de 1.500 soldados dirigidos por el general William Carr Beresford. Dos días después, Buenos Aires quedó ocupada. Las autoridades virreinales apenas contaban con medios para defenderla y la bandera británica se izó sobre el Fuerte, sede del poder español en el Río de la Plata.
El capitán de fragata Santiago de Liniers se encontraba en Montevideo cuando llegó la noticia. Con el apoyo de Martín de Alzaga en la ciudad y de Juan Martín de Pueyrredón en los alrededores, empezó a reunir milicias entre la población civil, ya que apenas había tropas regulares disponibles. El 1 de agosto, un primer intento de hostigar a los ingleses fue derrotado en la chacra de Perdriel por la infantería británica, mejor entrenada. Pese al revés, siguieron sumándose voluntarios: comerciantes, artesanos, esclavos liberados para la ocasión, y también ancianos, mujeres y niños que colaboraron acercando armas, municiones y alimentos.
El 10 de agosto, desde los corrales de Miserere, Liniers intimó la rendición a Beresford, que la rechazó confiado en la disciplina de sus tropas regulares. Al amanecer del 12 de agosto, Liniers entró en la ciudad al frente de sus columnas, avanzando hacia la Plaza Mayor por varias calles a la vez. El trazado estrecho del casco antiguo dificultó las maniobras de la infantería inglesa, acostumbrada a combatir en campo abierto, y los combates se libraron calle por calle durante varias horas.
Cercado en el Fuerte y sin posibilidad de recibir auxilio, Beresford solicitó parlamentar. Él y Liniers se reunieron primero en el Fuerte y después en la casa del propio Liniers para acordar los términos de la capitulación, que incluyeron un intercambio de prisioneros. Beresford entregó la plaza y sus tropas depusieron las armas; los vencedores se hicieron con 26 cañones y con las banderas del Regimiento 71 británico. La ocupación había durado 49 días.
Liniers fue aclamado como héroe y, meses después, nombrado virrey del Río de la Plata. Pero el mismo hombre que salvó Buenos Aires del ejército inglés acabaría fusilado por sus propios compatriotas. Tras la Revolución de Mayo de 1810, Liniers se negó a acatar a la Primera Junta y encabezó desde Córdoba un intento de resistencia realista, fiel a su juramento a la Corona española. El levantamiento fue sofocado y Liniers, junto a otros cabecillas, fue apresado cuando intentaba dirigirse al Alto Perú.
La Junta, temiendo que su enorme popularidad en Buenos Aires pudiera revertir la situación si lo llevaban a la capital, ordenó su fusilamiento inmediato en el lugar donde fuera hallado. Juan José Castelli, al frente de un destacamento de húsares, alcanzó a los prisioneros en un paraje cordobés llamado Cabeza de Tigre. Allí, el 26 de agosto de 1810, sin juicio formal y por orden directa de la Junta, Liniers fue fusilado junto al gobernador Juan Gutiérrez de la Concha, el coronel Santiago de Allende, el asesor Victorino Rodríguez y el ministro de Real Hacienda Joaquín Moreno. Se negó a que le vendaran los ojos.
El hombre que cuatro años antes había sido llevado en volandas por el pueblo de Buenos Aires como salvador de la ciudad frente a los ingleses, moría así frente a un pelotón de fusilamiento por mantenerse fiel a su rey.
Fuentes:
- Buenos Aires y el interior. Observaciones reunidas durante una larga residencia, 1806-1807, de Alejandro Gillespie;
- Memorias Curiosas, de Juan Manuel Beruti;
- Santiago de Liniers, de Paul Groussac;
- Beresford. Gobernador de Buenos Aires, de Bernardo Lozier Almazan
miércoles, 12 de agosto de 2026
EA: Equipo Militar de Esquí del Ejército Argentino gana competencia

El Ejército Argentino arrasó en la competencia internacional de tropas de montaña y se quedó con el primer puesto
El equipo nacional terminó con 122 puntos, más del doble que Chile y Estados Unidos, y se consagró campeón de la 43ª Competencia Internacional de Tropas de Montaña. La prueba se disputó en el cerro Otto, en Bariloche, y reunió a representantes militares de los tres países.
Shelknamsur
El Equipo Militar de Esquí del Ejército Argentino se quedó con el primer puesto de la competencia internacional que reunió a tropas especializadas de Argentina, Chile y Estados Unidos.
Durante las distintas jornadas, los participantes compitieron en Esquí de Fondo, Biathlon Sprint y Biathlon Partida en Masa, disciplinas que combinaron resistencia física, técnica y adaptación a las condiciones propias de la montaña.
Argentina dominó ampliamente la clasificación general y finalizó con 122 puntos. Chile quedó segundo con 60, mientras que Estados Unidos ocupó el tercer lugar con 58. El equipo norteamericano volvió a participar de la competencia después de 29 años: su última presencia había sido en 1997.
El desempeño argentino también se trasladó a la primera fecha de la Copa Sudamericana de Biathlon, disputada en paralelo. Allí, la soldado deportista Sofía Kydasiouk y el soldado deportista Franco Dal Farra consiguieron el primer puesto en sus respectivas categorías.
La Competencia Internacional de Tropas de Montaña se realiza desde 1971 y busca combinar el adiestramiento especializado con el intercambio entre las fuerzas militares de los países participantes.









