domingo, 9 de agosto de 2026

Crisis del Beagle: La boya y la venganza

La boya y la venganza en Puerto Williams

Mariano Sciarioni


En 1981, un avión del Comando de Aviación Naval vuela a escasos 10 metros de una formación militar chilena, sobre Puerto Williams. Los sorprendidos chilenos responden con insultos… y disparos de artillería antiaérea. ¿Por qué lo hizo el piloto argentino?

La historia empieza con un submarino. 



Argentina y Chile vivían todavía bajo la tensión del conflicto del Beagle. La Armada Argentina sabía que un submarino chileno operaría en la zona y necesitaba algo fundamental para la guerra antisubmarina: conocer su firma acústica. Saber cómo "sonaba" el enemigo era fundamental.



A la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina de Armada Argentina se le ocurrió una idea. Unir una sonoboya, una batería de Fiat 600 y la línea de hidrófonos fijada a cachiyuyos. Dejarla cerca de donde pasaría el submarino. Eso fue el “mini-SOSUS”. Ingenio criollo y guerra antisubmarina.



La boya quedó instalada en secreto en el canal de Beagle. Un Tracker aterrizó de noche en Ushuaia y se ocultó en un hangar. Desde allí, mediante una antena improvisada y un grupo electrógeno, los operadores podían recibir y analizar lo que captaban los hidrófonos. Y funcionó.



Pero hubo un problema. Días después, un comando chileno llegó en un gomón a la costa argentina y se llevó la boya. El teniente de navío Enrique “Quique” Fortini, que había organizado la operación encubierta, quedó furioso. Y esperó su oportunidad. Llegaría el 21 de mayo de 1981


Teniente de Navío Enrique Fortini, un genio y patriota


Ese día, Chile celebraba el Día de las Glorias Navales. En Williams había una ceremonia militar. Fortini estaba al mando de un Tracker en vuelo rutinario, se desvió a Williams, pasó a pocos metros y movió las alas. El mensaje era bastante claro: “sé lo que hicieron con el mini”.


Trayecto realizado por el TN Fortini, un oficial naval magnífico

El S-2 Tracker despegó desde Ushuaia y cruzó inmediatamente el canal Beagle hacia territorio chileno. Desde allí se internó sobre la isla Navarino, primero en dirección sur, recorriendo su sector occidental. Luego continuó hacia el sudeste, penetrando profundamente sobre la parte central y meridional de la isla. Siempre a muy baja altura.

En el extremo sur de ese recorrido realizó un amplio viraje hacia el este y después comenzó a remontar nuevamente hacia el norte. La última parte del vuelo lo llevó en dirección nordeste, atravesando Navarino hasta alcanzar la costa norte de la isla, sobre el canal Beagle, en las proximidades de Puerto Williams. Arribó a 10 metros altura por encima de la formación de honor chilena que no podía creer lo que veía.

Visto sobre el mapa, el Tracker describió una especie de gran “U” o circuito por el interior de Navarino: salió de Ushuaia, cruzó el Beagle, voló hacia el sur sobre territorio chileno, giró hacia el este y regresó hacia el norte hasta Puerto Williams.


La respuesta chilena no tardó. Desde tierra dispararon contra el Tracker con una pieza Oerlikon doble y un Bofors L60. Los tiros fallaron. La gente corría debajo y el teniente Fortini escuchaba sin escuchar los insultos.



El avión argentino se alejó y, pocos días después, llegó la protesta diplomática chilena. Una historia increíble de la “guerra fría” del Beagle: inteligencia, acústica submarina, improvisación… y un Tracker argentino saludando a los chilenos desde unos pocos metros de altura. FIN





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