domingo, 14 de junio de 2026

Armas Argentinas: El origen del misil Cóndor II (1976–1983)

El origen del misil Cóndor II (1976–1983)


Dictadura, guerra y disuasión
por Daniel Blinder
Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini / CONICET


 

Introducción

Este trabajo estudia los orígenes del misil Cóndor II a partir de las versiones y explicaciones que dan los protagonistas de lo sucedido; explicaciones que se remontan a la última dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. El misil fue un proyecto de la Fuerza Aérea Argentina que tuvo un destacado desempeño militar durante los combates contra el Reino Unido de Gran Bretaña en 1982, en la guerra de Malvinas, y que sufrió importantes bajas humanas y pérdidas de la flota aérea. A partir de dicha situación, el proyecto, surgido de capacidades tecnológicas propias y extranjeras, se orientó a desarrollar tanto un arma con capacidad de disuasión como competencias de tecnología espacial.

Las páginas de este artículo constituyen un adelanto de la investigación doctoral del autor, que se inscribe en la comprensión de la influencia política de la tecnología espacial, en el escenario de las Relaciones Internacionales. Si bien dicha investigación no se centra en la última dictadura, tiene en ella un punto de inicio como consecuencia de la guerra de Malvinas, y del desarrollo de la tecnología misilística que se denominaría Proyecto Cóndor, cuya influencia alcanzó, ya en tiempos de democracia, a los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983–1989) y de Carlos Menem (1989–1999). En este artículo, analizamos los inicios del misil Cóndor II.

Política tecnológica

Mi primer acercamiento a una entrevista con alguien de la Fuerza Aérea vinculado con el misil Cóndor fue con un vicecomodoro el jueves 13 de mayo de 2010. Fuente Fuerza Aérea-A.

Me cuenta que están armando un nuevo partido político nacionalista, cuyo programa partidario hace mención a la familia como núcleo de la sociedad, la cultura nacional, las Fuerzas Armadas y las Tres Banderas del peronismo clásico.

El entrevistado relata que el desarrollo misilístico argentino comenzó entre 1945–1955, con la Fábrica Militar de Aviones y la Escuela de Ingeniería Aeronáutica, incluyendo la visita de Von Braun a Argentina. Dijo que después de Malvinas se potenció el Cóndor I y se empezó a desarrollar el Cóndor II en Falda del Carmen, con combustible sólido, precisión importante, alcance teórico mayor a 1000 km.

“La fábrica estaba diseñada con compartimentos que, si uno tenía un percance, no afectaba al resto” (Fuerza Aérea-A).

El entrevistado resalta la confidencialidad del proyecto y las dificultades por el control internacional de “tecnologías sensibles”. Aunque no participó directamente, tuvo contacto con el equipo y el desarrollo.

Desarrollo estratégico secreto

Fuente Fuerza Aérea-E, ingeniero, trabajó en Falda del Carmen desde 1980–81. Explica que participó desde la construcción de la planta: 45 edificios de hormigón armado, divididos en tres sectores (A: fabricación de propulsante, B: ensamble, C: administración). Techint construyó la planta bajo licitación de Bowas. Cada misil contenía unos 3.800 kg de combustible sólido.

“Don’t talk, don’t ask”

Intenté entrevistar a Miguel Guerrero, “el padre del Cóndor II”, pero se negó:

“El principio aplicado en este caso es ‘Don’t talk, don’t ask’. END OF STORY”.

Entrevisté en su lugar a Fuente Fuerza Aérea-B, brigadier retirado. Asegura que el Cóndor II “nunca existió como misil”, sino como “inyector satelital”, proyecto que fue adaptado muchas veces hasta después de Malvinas.

Tras la guerra, la Fuerza Aérea difundió la idea de que se desarrollaba un misil de mediano alcance con posible carga nuclear.

“Queríamos que a los ingleses les resultara muy costosa la defensa de las islas”.

La amenaza se construyó con fines disuasivos, difundiendo capacidades potenciales, aunque solo se había desarrollado el motor cohete. Reconoce que era parte de una estrategia de guerra psicológica.

Tecnología para la paz

Según Fuente Fuerza Aérea-D, el proyecto comenzó formalmente tras una reunión con Graffigna (1979), en contexto del conflicto con Chile. A pesar de estar fuera de la Fuerza, fue convocado para presentar un plan de reactivación de la cohetería.

Viajó en 1980 a Francia, Alemania, Italia e Israel. Israel ofrecía cooperación pero con limitaciones presupuestarias. Con alemanes e italianos se firmaron acuerdos para instalar la planta en Falda del Carmen. MBB y SNIA estuvieron involucradas.

“El propulsante se vertía en un tubo motor con aislante de silicona. Italia y Alemania ofrecían una tecnología superior para el rellenado y sellado”.

La inversión internacional

El misil Cóndor I fue un vehículo experimental, sin finalidad militar, pero sirvió de base para bancos de prueba. INVAP fabricó los primeros tubos en Pilcaniyeu. Cuando la Fuerza Aérea centralizó todo, INVAP se desvinculó.

“Desde su inicio fue un proyecto de defensa”, afirma Conrado Varotto, director de CONAE.

Motivación estratégica

Fuente Fuerza Aérea-C explicó que el Cóndor II era un mito disuasivo tras las pérdidas humanas y materiales en Malvinas. El guiado era impreciso, por lo que se suponía que solo con cabeza nuclear sería útil. La Comisión de Energía Atómica no lo confirmó.

Apoyo de Libia e Irak

Fuente X, gestor paradiplomático, relata contactos con Libia desde 1976. Gadafi ofreció aviones Mirage a Argentina y apoyo militar. En 1985 viajó a Irak por la venta frustrada de aviones Pucará. Existía un fuerte lobby proiraní dentro del gobierno de Alfonsín.

Desenlace

Durante la gestión de Menem, el proyecto enfrentó presión creciente de EE. UU.:

  • 1989–1990: demora en desmantelamiento.

  • 1990–1991: conflicto interministerial y anuncio de paralización.

  • 1991–1993: ejecución del Decreto 995 que eliminó el proyecto.

Domingo Cavallo lideró la presión para su destrucción total, argumentando que el Cóndor era parte de una red internacional (empresas europeas, Egipto, presunta relación con Irak).

Según Cavallo, “no era una aventura argentina, sino un proyecto multinacional”.

 

Bunker abandonado en Cabo Raso, Chubut. Fue construido en 1988 por la Fuerza Aérea para lanzamiento del Condor II. En 1989 el proyecto fue dado de baja.

Conclusión

El Cóndor II fue una apuesta por disuasión militar y soberanía tecnológica, pero su existencia incomodó a potencias occidentales. Argentina desarrolló con éxito tecnologías clave, incluyendo propulsantes, control y fabricación. Sin embargo, su potencial se vio limitado por el contexto geopolítico.

Se han presentado aquí los orígenes del misil Cóndor II, en la última dictadura militar en Argentina, tal cual la relatan algunos actores principales que han vivido la presente historia, y por lo tanto, en cada uno 
de estos relatos, aparece no solo una carga de subjetividad inherente a todo discurso, sino también una carga de interpretación política acerca de cómo lo vivenciaron los actores de la trama. Como proyecto de la Fuerza Aérea Argentina, fue uno secreto, que requirió de la inversión privada y extranjera. Luego, fue continuado en los gobiernos posteriores y ha sido resistido hasta su destrucción final como proyecto. No obstante, podemos afirmar que sus objetivos básicos eran dos. El primero, tener capacidad disuasiva y un arma capaz de dañar a Inglaterra, potencia vencedora y ocupante de las Islas Malvinas. El segundo, poder desarrollar una tecnología propia, con la posibilidad de que lo dual de dicha tecnología permitiera la aplicación en otros campos, especialmente como inyector satelital. 

La historia mostró un camino diferente. Resistido por las principales potencias, especialmente por Gran Bretaña y la nueva potencia global, los Estados Unidos, ésta última hizo prevalecer la tesis política de que el objetivo principal de un desarrollo tecnológico de este tipo, para un país pobre, periférico y con cierta capacidad industrial –con el aliciente de haber perdido una guerra contra un país de la OTAN– no podría ser otro que el de la proliferación armamentista. Las presiones se sucedieron, primero sobre el gobierno Alfonsín, luego sobre el de Menem, quien finalmente cedió ante dichas presiones internacionales, y clausuró el proyecto. 

El ex ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín, Horacio Jaunarena, sostuvo posteriormente que su gobierno sabía que el Proyecto Cóndor era de uso dual y que era un elemento más de la estrategia exterior de la Argentina. La tecnología espacial era un elemento diferencial a la hora de pensar cómo el desarrollo tecnológico podía posicionar a la Argentina en el mundo (Barcelona y Villalonga, 1992: 34). 
Después de que altos mandos egipcios estuvieran involucrados en un caso de espionaje vinculado a la tecnología de misil en EE. UU., y que este caso estuviera –supuestamente– relacionado con la financiación y fabricación del Cóndor II (New York Times, 1988), se buscó desarticular las conexiones con las empresas de Italia y Alemania, cuyo know how había facilitado la construcción de las diferentes partes del misil, de las cuales los motores fueron trasladados a Egipto. Los prototipos de prueba se denominaron Alacrán, con una carga útil de hasta cien kilogramos, sin guiado y con un alcance de hasta doscientos kilómetros, que quedaron incorporados a la artillería del ejército. Dadas las diversas presiones diplomáticas y mediáticas denunciando las intenciones bélicas de los argentinos, se hacía muy dificultosa la obtención de las diferentes piezas para terminar de armar el Cóndor. Sin embargo, las partes que no se pudieron completar con insumos extranjeros, se hicieron con capital y know how nacional, por lo que se pudo terminar el proyecto. Argentina dominaba la fabricación del combustible sólido, de los caños sin costura, del motor, de las colas basculantes, y del guiado y control; luego, dominaba el ciclo completo de la construcción de un misil balístico intermedio con alcance teórico de hasta mil doscientos kilómetros (Barcelona y Villalonga, 1992: 123-124, 126, 139-140).

Durante la gestión de Menem, el proceso de desactivación del proyecto Cóndor atravesó tres etapas diferenciadas, en las que se registró un progresivo incremento de las presiones de Washington. La primera, caracterizada por la demora en la decisión de desmantelar el misil, entre julio de 1989 y abril de 1990; la segunda, de conflictos interministeriales respecto a la suerte del proyecto y la resistencia de la Fuerza Aérea Argentina a las presiones norteamericanas, cuando se anunció públicamente sobre la paralización del proyecto por parte del ministro de Defensa Humberto Romero en abril de 1990 y culminó con el decreto presidencial 995 del 28 de mayo de 1991, que decidió el fin del proyecto de misil; y la tercera, de implementación de la decisión adoptada por el decreto 995, que se extendió desde mayo de 1991 hasta septiembre de 1993, fecha en la que los últimos restos del Cóndor IIarribaron a España (Corigliano, 2003). Humberto Romero, titular de la cartera de Defensa de Carlos Menem, anunció el congelamiento del proyecto como consecuencia de las diferentes presiones (Barcelona y Villalonga, 1992: 67), y Domingo Cavallo, ministro de Relaciones Exteriores, se constituyó como el principal lobbista a favor de su completa destrucción, dado que el proyecto no era una aventura aislada de la Argentina, sino, según argumentaba, un complejo entramado internacional secreto, que tenía como activos actores tanto a empresas alemanas, italianas y francesas de altísimo nivel, como al gobierno de Egipto. A esto se sumaba la sospecha sobre la participación de Irak. 

En una coyuntura caracterizada por un sistema internacional en donde los espacios de poder también se constituyen en las luchas políticas al interior de los países –que en definitiva definirán las relaciones de fuerza, el bloque en el poder y, por tanto, la política exterior–, los debates intestinos en la Argentina fueron encontrados. La teoría Realista de las Relaciones Internacionales asegura que ningún Estado que pueda acceder al poder dejará de hacerlo. A menos, claro, que la teoría marco sea el Realismo Periférico. Erman González, ex ministro de Economía y de Defensa de la gestión Menem, estaba a favor del reciclado del proyecto y su orientación a los satélites, dado el congelamiento de este. 

Domingo Cavallo, sin embargo, quería la destrucción total como gesto hacia EE. UU., sabiendo que las intenciones norteamericanas eran netamente políticas (Santoro, 1992: 52). Cavallo increpaba al brigadier Ernesto Crespo, ex jefe de la Fuerza, por el financiamiento iraquí de la fabricación de los misiles, respondiéndole éste que Irak no había puesto dinero, y que todo lo exportado a Medio Oriente habían sido motores, no misiles (Barcelona; Villalonga, 1992: 194-197). 
Asumiendo una posición afín con la perspectiva del Realismo Periférico, se iniciaron gestiones entre la República Argentina y la agencia espacial estadounidense NASApara que en 1994 se colocara un 
satélite argentino, el SAC–B. Según Corigliano: 

Durante la visita de Menem a Estados Unidos, que tuvo lugar a fines del mes de 
junio, el tema Cóndor figuró entre los temas de agenda tratados con Bill Clinton. 
Pero los puntos de fricción entre el gobierno argentino y el norteamericano en 
este tema parecieron definitivamente cerrados, a juzgar por las expresiones del 
jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Colin Powell, quien sostuvo, durante su encuentro con Menem, que la desactivación del misil Cóndor 
respondió a una decisión “sabia y prudente del gobierno argentino” que constituía “un ejemplo para el mundo” (Corigliano, 2003).


Ante los Estados Unidos, comenzábamos a ser confiables y responsables.

Referencias bibliográficas

Barcelona, E. y Villalonga, J. (1992). Relaciones Carnales. La verdadera 
historia de la construcción y destrucción del misil Cóndor II. Buenos Aires, 
Planeta.
Corigliano, F. (2003). “La Dimensión Bilateral de las Relaciones entre 
Argentina y Estados Unidos durante la década de 1990: El ingreso al paradigma de las ‘Relaciones Especiales’”, en Escudé, C. (ed.): 
Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina, 
Parte IV, Tomo XV. Buenos Aires, GEL. Versión electrónica disponible en: http://www.argentina-rree.com.
Santoro, D. (1992). Operación Cóndor II. La historia secreta del misil que 
desmanteló Menem. Buenos Aires, Letra Buena.

Entrevistas

Fuente Fuerza Aérea-A. Vice Comodoro retirado. Buenos Aires, 13 de 
mayo de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-B. Brigadier retirado. Buenos Aires, 31 de mayo 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-C. Brigadier retirado. Buenos Aires, 30 de junio 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-D. Brigadier Retirado -Miembro del equipo inicial 
Cóndor II. Buenos Aires, 22 de junio de 2011.
Fuente Fuerza Aérea-E. Ingeniero – Falda del Carmen Proyecto Cóndor. 
Falda del Carmen, 6 de agosto de 2010. 
Fuente X. Gestor para-diplomático, analista. Buenos Aires, 3 de mayo 
de 2010. 
Fuente Varotto, Conrado. Director de la CONAE, 27 de mayo de 2010. 


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