Descubrir antes del desastre: las maniobras de Louisiana y los conceptos de combate no probados del Ejército actual
Matthew Revels y Eric Uribe | Institute of Modern War at West Point
Este lema es uno de los favoritos del Ejército, pero su aplicación a nivel operacional sigue siendo desigual. Las brigadas rotan por centros de entrenamiento de combate, maniobrando en gran medida de forma aislada, mientras que las unidades adyacentes simuladas ejecutan roles guionados que no introducen la fricción propia de los campos de batalla reales. Para compensar la falta de entrenamiento en escalones superiores a la brigada, el Ejército recurre cada vez más a ejercicios de puesto de comando y simulaciones. Si bien estos son útiles para perfeccionar procesos de estado mayor, no pueden replicar la incertidumbre, las comunicaciones degradadas ni la fricción acumulativa inherente a operaciones multidivisión. El resultado es un sistema de entrenamiento optimizado para confirmar, no para corregir.
El giro del Ejército hacia la preparación para conflictos de gran escala obligó a reorientar los centros de entrenamiento desde la contrainsurgencia hacia el nuevo concepto de operaciones multidominio. La doctrina deja claro que las divisiones y cuerpos son ahora los elementos centrales de maniobra. En línea con esto, el plan Army 2030 redistribuye recursos hacia esos niveles, reduciendo la carga sobre los comandantes de brigada y centralizando capacidades en escalones superiores.
Sin embargo, pese a estos cambios estructurales, el Ejército sigue validando sus fuerzas con ejercicios del tamaño de una brigada, en lugar de prepararlas para la guerra a gran escala. Si realmente busca desplegar la fuerza más capaz antes del próximo conflicto, necesita invertir en un aspecto clave: la experimentación. Los entornos controlados no son adecuados para probar conceptos doctrinales ni estructuras de fuerza. En cambio, debería mirar dos ejemplos históricos: las Maniobras de Louisiana y el Exercise Sage Brush. Ambos muestran el valor de los ejercicios de campo a gran escala como herramientas de descubrimiento en tiempos de paz.
Por qué las simulaciones no alcanzan
Durante décadas, el Ejército estadounidense utilizó simulaciones y ejercicios de puesto de comando para entrenar estados mayores. Esto permitió reducir costos y mejorar la formación de oficiales. Tras la Guerra Fría, reemplazar ejercicios de campo por simulaciones tenía sentido. Pero el problema es doble:
- La simulación es tan válida como los supuestos sobre los que se construye.
- No reproduce la fricción del combate real.
Los conflictos recientes —especialmente Ucrania— cuestionan muchos supuestos sobre maniobra, fuegos y sistemas no tripulados. Aunque el Ejército reconoce estos cambios, no ha probado sus nuevos conceptos a escala real. Las simulaciones parten de la base de que el concepto de operaciones multidominio funciona… pero eso no está demostrado.
Además, simplifican en exceso la realidad. Como ya señalaba Carl von Clausewitz, la fricción es central en la guerra. Esa fricción solo se entiende con experiencia. Y hoy casi ningún líder estadounidense ha comandado combate a gran escala contra un adversario par.
Las simulaciones eliminan problemas reales: logística, mantenimiento, terreno, escasez de personal, etc. Solo el entrenamiento de campo a gran escala permite preparar fuerzas para la complejidad del combate moderno.
Las Maniobras de Louisiana: descubrir antes de la guerra
Antes de la era de las simulaciones, el Ejército utilizaba ejercicios masivos para experimentar. En 1941, mientras la Wehrmacht demostraba la eficacia de su doctrina en Europa, el Ejército estadounidense reunió cerca de 400.000 soldados en maniobras a gran escala en el sur del país.
El objetivo del general George C. Marshall era triple:
- Experimentar y aprender en condiciones realistas
- Enviar un mensaje estratégico interno
- Evaluar líderes
A diferencia de ejercicios guionados, estas maniobras priorizaron el realismo. Permitieron experimentar con logística, integración aire-tierra, operaciones aerotransportadas y doctrina blindada. También facilitaron abandonar doctrinas obsoletas e invertir en nuevas capacidades.
Además, sirvieron para mostrar al Congreso y a la opinión pública las carencias del Ejército.
Y quizás lo más importante: permitieron identificar líderes. De ahí surgieron figuras como Dwight D. Eisenhower y George S. Patton.
Sage Brush y la división pentómica: descubrir mediante el error
En 1955, en el contexto de la doctrina nuclear de Dwight D. Eisenhower, el Ejército reorganizó sus fuerzas en la llamada “División Pentómica”.
El Exercise Sage Brush reunió 85.000 soldados para probar estos conceptos. El resultado fue, en muchos aspectos, un fracaso… pero un fracaso útil.
Demostró que el uso táctico de armas nucleares tiende a escalar rápidamente. También evidenció que la dispersión necesaria para sobrevivir reducía la cohesión y la capacidad de explotar el combate.
No destruyó inmediatamente el concepto pentómico, pero sí expuso sus debilidades. Su valor no estuvo en validar, sino en revelar supuestos erróneos.
Mirando hacia adelante: volver a los ejercicios masivos
La decisión de abandonar ejercicios a gran escala en favor de simulaciones fue, en retrospectiva, un error. Ninguna simulación puede capturar la complejidad real del combate.
El principal obstáculo es el costo. Pero en un presupuesto de defensa de billones de dólares, el costo es una cuestión de prioridades, no de posibilidades.
También hay desafíos logísticos y de infraestructura. Pero justamente esos problemas son parte del aprendizaje: exponen debilidades reales.
Reintroducir ejercicios a nivel división y cuerpo permitiría:
- Probar doctrina en condiciones reales
- Evaluar líderes
- Ajustar estructuras de fuerza
- Validar despliegues en distintos teatros
Estos ejercicios no deberían buscar certificar unidades, sino cuestionar supuestos. Realizados cada 3 a 5 años, ligados a cambios doctrinales, servirían como laboratorio de guerra realista.
No es necesario concentrar todo en un solo lugar: pueden distribuirse en múltiples instalaciones, replicando despliegues reales, especialmente en escenarios como el Indo-Pacífico.
Conclusión
Volver a los ejercicios a gran escala no es sencillo, sobre todo para un Ejército acostumbrado a las simulaciones. Pero si las divisiones y cuerpos van a ser los protagonistas del combate futuro, no alcanza con entrenarlos en entornos artificiales.
Un Ejército que solo valida sus conceptos corre el riesgo de descubrir sus fallas en la guerra.

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