miércoles, 29 de julio de 2026
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Yihadismo: Crece la protección civil en regiones del África Occidental
Los estados de África Occidental responden a las insurgencias construyendo murallas en las ciudades y fortificando las fronteras. Estas iniciativas, destinadas a controlar el movimiento de los grupos yihadistas, son un arma de doble filo. Si bien brindan protección a corto plazo, también pueden agravar la inseguridad rural y la vulnerabilidad de la población civil.
Por Olivier Walther y Steven M. Radil || African Networks Lab
Las nuevas fortalezas
En agosto de 2024, militantes de Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) atacaron a los residentes de Barsalogho, una ciudad en el centro-norte de Burkina Faso, mientras cavaban una trinchera defensiva de 20 kilómetros.
Los soldados burkineses y los voluntarios de autodefensa que custodiaban la obra se retiraron, dejando a unos 300 civiles desarmados a merced de la muerte. Fue el peor ataque individual en la historia del país.
Barsalogho es solo un ejemplo dentro de un patrón mucho más amplio. En los últimos quince años, los gobiernos de África Occidental, las comunidades locales y los donantes internacionales han construido cientos de kilómetros de fortificaciones de tierra para frenar las incursiones yihadistas.
Nuestro análisis muestra que dunas de arena de hasta tres metros de altura rodean actualmente la mayoría de las ciudades importantes del noreste de Nigeria y la cuenca del lago Chad.
Camerún también ha fortificado casi 200 kilómetros de su frontera con Nigeria, mientras que Togo ha construido más de 36 kilómetros de obras defensivas a lo largo de su frontera con Burkina Faso y Benín.
Ya sea en las inmediaciones de una ciudad o en una frontera, estas estructuras están diseñadas para detener a combatientes de alta movilidad, canalizar el tráfico a través de puertas fortificadas y prevenir ataques suicidas.
La fortificación del territorio de África Occidental tiene pocos precedentes modernos, pero sí profundas raíces históricas. En la época precolonial, las ciudades, los pueblos y los pequeños asentamientos se defendían con murallas de tierra y refugios de montaña contra las incursiones y la fragmentación política.
La mayoría de estas estructuras desaparecieron durante el siglo XX a medida que los estados coloniales y poscoloniales consolidaban su control. Actualmente se están reconstruyendo.
Protegiendo las ciudades
La mayoría de las fortificaciones de la región se construyen alrededor de ciudades enteras y tienen forma circular, como en Kauwa, Nigeria (ver imagen inferior). Su tamaño suele ser considerable. El terraplén que rodea la ciudad de Pama, en Burkina Faso, tiene una circunferencia de 15 kilómetros. El de Maiduguri, de más de 65 kilómetros.
También se construyen profundas zanjas alrededor de centrales eléctricas, oficinas gubernamentales, escuelas y hospitales. Incluso los cruces de caminos estratégicos están rodeados de terraplenes, como ocurre a lo largo de la carretera Gubio-Damasak en el norte de Nigeria.
Cuando
las fortificaciones protegen campamentos militares o bases de
operaciones avanzadas, generalmente van acompañadas de búnkeres y
tanques y tienen forma cuadrada, como en Assighassia, en Camerún, que se
muestra a continuación.
La función principal de estas estructuras es frenar las ofensivas de los militantes que utilizan vehículos de alta movilidad, como motocicletas y camionetas. Al obligar a los atacantes a desmontar, las defensas previenen los atentados suicidas, que han causado la muerte de casi 4.500 personas en África Occidental entre 2011 y 2024, según ACLED.
El 6 de abril de 2022, por ejemplo, militantes de Boko Haram aparcaron sus motocicletas detrás de una zanja excavada alrededor de la ciudad de Damboa, en Nigeria, y entraron a pie, incendiando parte de un centro de atención primaria de salud y una escuela técnica para niñas.
En los alrededores de las ciudades, el foso excavado fuera del terraplén impide que los atacantes utilicen la barrera para tomar posiciones con armas pesadas, en particular las ametralladoras montadas en vehículos ligeros, o "técnicos", que son omnipresentes en la región.
Las obras de tierra también permiten a las fuerzas gubernamentales canalizar el tráfico a través de un pequeño número de puertas fortificadas, donde se verifica la identidad de los viajeros mediante numerosos puestos de control.
Nuestro análisis de imágenes satelitales muestra que se han construido cincuenta grandes obras de tierra en el noreste de Nigeria y alrededor del lago Chad.
Todas
las aglomeraciones urbanas con más de 10.000 habitantes están rodeadas
de terraplenes lo suficientemente largos como para ser visibles en las
imágenes satelitales, como se muestra a continuación.
Las excepciones son las ciudades abandonadas tras las batallas entre el gobierno y los insurgentes yihadistas, como Fage (Kirenowa), Ngurno y Abadam, o las ciudades protegidas por cuerpos de agua, como Baga Sola.
Se estima que el perímetro de estas fortificaciones es de 560 kilómetros. Si incluimos las trincheras defensivas dentro de las zonas urbanas, así como las construidas en pueblos más pequeños, la longitud total probablemente alcance los 700 kilómetros, lo que corresponde a la distancia entre Maiduguri, la ciudad más grande del estado de Borno, y la capital de Nigeria, Abuja.
En
muchos casos, se han construido varias generaciones de muros, cada una
más alejada del centro de la ciudad. Las estructuras más imponentes son
las que protegen los “supercampamentos” creados por el gobierno
nigeriano a partir de finales de la década de 2010 para proteger tanto a
sus soldados como a parte de la población civil, como en Monguno, que
se muestra a continuación.
Debido a la considerable cantidad de mano de obra que implican, las fortificaciones suelen ser financiadas por los gobiernos de África Occidental. Sin embargo, en el noreste de Nigeria, Estados Unidos contribuyó a financiar obras defensivas de tierra a través de la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI) a partir de mediados de la década de 2010.
La Iniciativa Regional del Noreste (NERI, por sus siglas en inglés), un programa financiado por USAID, financió la construcción de zanjas alrededor de las ciudades del estado de Borno como parte de un conjunto de medidas diseñadas para contener a Boko Haram y a la Provincia del Estado Islámico de África Occidental (ISWAP, por sus siglas en inglés) en la región del lago Chad.
Contratistas privados construyeron zanjas utilizando excavadoras en numerosos lugares, entre ellos Monguno, Kanamma, Damasak, Bama, Pulka, Shuwa Tomri y Dikwa.
En un informe archivado de USAID, los esfuerzos de fortificación se describieron como un elemento disuasorio eficaz contra las incursiones de los insurgentes y se enumeraron, junto con el alumbrado público y los reflectores, como resultados clave del programa.
En Karetu, situada a 130 kilómetros al noroeste de Maiduguri, un ataque insurgente fallido se atribuyó a la trinchera que rodeaba la comunidad. Tras la retirada del ejército nigeriano de Karetu, una parte importante de la población abandonó la zona y los insurgentes incendiaron establecimientos de servicios públicos, como la clínica de salud.
Las
ruinas del pueblo y las trincheras aún son visibles en las imágenes
satelitales tomadas hace 6 años. En total, este pequeño asentamiento de
alrededor de 3000 habitantes estaba rodeado por 11 kilómetros de
trincheras que formaban tres anillos concéntricos, como se muestra a
continuación.
Las labores de excavación también se vieron interrumpidas en Magumeri y Gubio, otras dos aldeas situadas a lo largo de la carretera Maiduguri-Damasak.
Muchas ciudades fortificadas del noreste de Nigeria parecen haber seguido una secuencia de eventos similar. Primero, los puestos militares ubicados en zonas rurales son atacados desde todos los flancos por enjambres de motocicletas de alta movilidad. Esto provoca que los civiles huyan de las zonas rurales hacia ciudades mejor protegidas.
A medida que las fuerzas de seguridad se sienten cada vez más vulnerables, cavan trincheras como último intento por mantener la posición. Cuando las trincheras fracasan, los militares se retiran y la ciudad es tomada por los insurgentes.
Fronteras fortificadas
Las ciudades no son los únicos lugares que deben fortificarse. Los gobiernos de África Occidental también han emprendido amplios programas para reforzar sus fronteras.
Camerún
ha realizado los trabajos más extensos para proteger su territorio de
la expansión de Boko Haram e ISWAP desde mediados de la década de 2010.
Nuestro análisis muestra que casi 200 kilómetros de la frontera
camerunesa están ahora fortificados con trincheras, como se muestra en
el mapa a continuación.
Esta obra comprende tres segmentos: desde Golmo Kotoko, cerca del lago Chad, hasta Fotokol, a lo largo del río El Beid; desde el oeste de Tilde Goulfey hasta Michidiré; y desde Waza hasta el sur de Djibrili. En la región de Limani, este último segmento consta de varios recintos diseñados para impedir cualquier movimiento a través de la zona boscosa al sur de Keroua.
Las trincheras fronterizas camerunesas ponen de manifiesto diferencias clave con los recintos urbanos del noreste de Nigeria. Las fortificaciones fronterizas suelen ser lineales en lugar de circulares, diseñadas para sellar una frontera en vez de proteger a una población asentada.
Además, es más probable que se trate de proyectos dirigidos por el Estado que de proyectos financiados por donantes internacionales. Por ello, las fortificaciones fronterizas constituyen un proyecto de infraestructura militar de una magnitud que pocos otros estados de África Occidental han intentado.
Más
al oeste, Togo ha construido más de 36 kilómetros de trincheras a lo
largo de su frontera con Burkina Faso y Benín, como ilustra el mapa a
continuación.
Esta zona está prácticamente desprovista de carreteras, pero es, sin embargo, una de las regiones más activas para la milicia del JNIM que opera desde Kompienga, en Burkina Faso. El 2 de octubre de 2024, militantes del JNIM atacaron la obra de construcción cerca de Kpékankandi, donde termina la trinchera. Nueve soldados, entre ellos dos contratistas militares turcos, y diez civiles, la mayoría trabajadores de la constructora burkinesa EBOMAF, perdieron la vida.
El ataque de Kpékankandi y la masacre de Barsalogho ponen de manifiesto cómo un proyecto de fortificación puede convertirse en el objetivo. En ambos casos, los trabajadores que construían las fortificaciones fueron atacados por militantes a quienes precisamente esos proyectos debían detener.
La construcción de infraestructuras defensivas, ya sea alrededor de las ciudades o a lo largo de las fronteras, anuncia la intención de una comunidad o un Estado de restringir el movimiento de los insurgentes, y los grupos armados, en ocasiones, han interpretado ese anuncio como una provocación.
Ecos de la historia
La proliferación de movimientos de tierra que se observa hoy en África Occidental recuerda al siglo XIX, durante el cual algunas partes de la región se vieron asoladas por la inestabilidad política.
En el centro de Malí, la antigua ciudad de Jenné-Jeno, la "ciudad ideal" de Hamdallaye en Macina, las ciudades Marka del delta interior del Níger y un gran número de pueblos estaban rodeados de murallas.
Los exploradores europeos que viajaban por la región tomaron nota de estas fortificaciones. Al cruzar el reino bambara de Kaarta en 1805, Mungo Park observó que Mamiakoro “es una ciudad amurallada fortificada de la manera más sólida que he visto hasta ahora en África”.
Veinte años después, René Caillé observó que las fortificaciones eran omnipresentes en el actual centro de Malí. Incluso la ciudad de Djenné, construida en una isla del río Bani, estaba rodeada por una muralla de 3 metros de altura con estrechas puertas.
Las fortificaciones no se limitaban a las grandes ciudades. Debido a las incursiones de los fulani y los tuareg, muchos pueblos y aldeas del oeste de Níger también se vieron obligados a fortificarse con terraplenes de adobe precedidos de fosos. En el campo, el bandidaje estaba muy extendido, lo que obligaba a las aldeas a rodearse de muros y cercas de adobe, a menudo hechos con estacas de madera o arbustos espinosos.
En los confines de los reinos del Sahel, las incursiones para capturar esclavos agravaron la inseguridad política, lo que obligó a las poblaciones paganas a buscar refugio en las cordilleras. Allí desarrollaron espectaculares construcciones defensivas, como se puede apreciar en Piniari, el acantilado de Bandiagara , Gamdamia o las montañas de Hombori en Malí.
Un ejemplo llamativo es el pueblo de Niongono, situado en una meseta elevada con forma de herradura al oeste de
Bandiagara, en Malí, como se muestra a continuación. Las casas fueron
construidas como pequeñas fortalezas, con accesos limitados, lo que
obliga a los visitantes a recorrer un laberinto de pasadizos para
finalmente llegar a sus hogares.
Cuando el terreno no ofrecía protección contra la inseguridad, cada grupo de casas se convertía en una pequeña fortaleza, como ocurría en la región de Koutammakou, entre el norte de Benín y Togo.
Algunas de estas aldeas y pueblos fortificados fueron destruidos por las potencias coloniales, especialmente cuando tenían valor militar o simbólico. En 1849, el teniente Bouchez, encargado de destruir la fortaleza construida por El Hadj Omar en Dinguiraye, informó que constaba de tres muros: el primero era un muro almenado de 4 metros de altura hecho de piedra y mortero; el segundo era un muro de 6 metros de altura; y el tercero contenía un parapeto.
Sin embargo, la mayoría de estas fortificaciones desaparecieron gradualmente en el siglo XX. Los muros de tierra se desmoronaron con el paso de las estaciones, mientras que las barreras de madera fueron reutilizadas por los aldeanos. En Gaya, Níger, los ancianos que entrevistamos aún recuerdan haber visto a los carniceros del pueblo usar esta madera para sus estufas.
Tras la desaparición de las incursiones fulani, las fortalezas de montaña del País Dogon fueron abandonadas paulatinamente en favor de las llanuras. A partir de la década de 1980, estos asentamientos elevados, construidos en escarpados acantilados de arenisca, a menudo inaccesibles, fueron reconvertidos para el turismo y declarados Patrimonio de la Humanidad, al igual que las fortalezas de tierra de Batammariba en Koutammakou.
Las condiciones que dieron origen a estas fortificaciones precoloniales —la fragmentación de la autoridad política, las incursiones móviles y la incapacidad de cualquier potencia para asegurar los espacios entre los asentamientos— guardan un gran parecido con las condiciones que prevalecen en la región hoy en día.
Los muros que se derrumbaron tras la pacificación colonial están siendo reconstruidos porque la inseguridad que antes compensaban ha regresado.
Fortificaciones y movilidad
Esta historia nos indica que la actual ola de fortificación de las ciudades y fronteras de África Occidental es una respuesta inevitable al aumento de la violencia política en la región.
Resulta difícil imaginar cómo las fuerzas gubernamentales podrían responder a los repetidos ataques de grupos yihadistas sin fortificar los principales centros de población y sin intentar impedir que estos grupos se infiltren a través de sus fronteras.
Sin embargo, la inversión masiva en infraestructura defensiva tiene consecuencias perniciosas tanto para la población civil como para las fuerzas gubernamentales.
En el noreste de Nigeria, la proliferación de campamentos fortificados ha dado vía libre a los grupos yihadistas en las zonas rurales . Nuestro análisis muestra que Boko Haram e ISWAP han aumentado significativamente la frecuencia de sus ataques desde que el gobierno se replegó a sus posiciones fortificadas a finales de la década de 2010.
Una parte considerable de la región al norte y al este de Monguno, hasta el lago Chad, está ahora desprovista de población rural . Los campos están abandonados. Los techos de paja de las aldeas han sido incendiados.
Los muros de adobe se están desmoronando con las lluvias, como en Koshebe, donde Boko Haram masacró a 110 agricultores
en 2020. Después de algunos años, los árboles plantados por los
aldeanos antes de la guerra son el único rastro de antiguos
asentamientos humanos, como en Ugurun, Nigeria, en la actualidad.
En la frontera con Níger, la ciudad de Malan Fatori es testigo de esta devastación. Más de una década después de haber sido capturada por Boko Haram, solo un puñado de antiguos residentes ha regresado a vivir entre las ruinas de la ciudad.
Concentrar a la población rural en ciudades fortificadas en lugar de fortificar los asentamientos rurales también expone a las comunidades a ataques cuando buscan medios de subsistencia fuera del perímetro.
En marzo de 2024, más de 200 aldeanos fueron secuestrados por militantes de Boko Haram o ISWAP cerca de Ngala, en el estado de Borno, después de que se adentraran más allá de las trincheras de protección en busca de leña que no pudieron encontrar dentro del campamento.
El perímetro fortificado que protege a los residentes de los ataques también los confina, y los recursos dentro de él son limitados. La gente se marcha porque no le queda más remedio, y cuando lo hace, entra en un territorio que el Estado ya no controla.
La construcción de grandes perímetros defensivos también inmoviliza a un número considerable de tropas en posiciones estáticas. Si los estados de África Occidental desplegaran el mismo número de soldados por kilómetro de fortificación que Marruecos a lo largo de su muro fronterizo de arena de 2700 kilómetros con el Sáhara Occidental, se necesitarían casi 30 000 soldados solo para asegurar los perímetros identificados en este estudio. La comparación no es perfecta, pero ilustra la magnitud del compromiso que requiere una defensa perimetral eficaz.
En términos más generales, el patrón de fortificación recientemente visible en África Occidental apunta a las geografías divergentes que intervienen en la relación entre los estados y los grupos insurgentes.
Las fuerzas gubernamentales controlan puntos fijos en las ciudades y, en algunos casos, a lo largo de las fronteras, mientras que los grupos insurgentes tienen prácticamente vía libre en el espacio entre ellas.
La infraestructura defensiva que protege las ciudades y las fronteras anuncia simultáneamente los límites de la capacidad del Estado para extenderse más allá de sus muros.
En este sentido, los terraplenes y trincheras del noreste de Nigeria y la cuenca del lago Chad no son solo instalaciones militares. Son la expresión física de una soberanía estatal que se reduce rápidamente a los lugares que puede defender materialmente.
martes, 28 de julio de 2026
Condecoraciones de la Unión Soviética/Rusia
Condecoraciones rusoviéticas
Durante la Segunda Guerra Mundial, una condecoración quedó reservada para quienes podían cambiar la situación de frentes enteros. Solo 16 personas la recibieron por aquel conflicto.
Creada en noviembre de 1943, la Orden de la Victoria fue concedida 19 veces durante la guerra y los meses posteriores. Zhúkov, Vasilevski y Stalin la recibieron dos veces. Entre los condecorados extranjeros estuvieron Eisenhower, Montgomery, Tito y el rey Miguel I de Rumania.
En otra escala, cerca de 11 700 personas fueron reconocidas como Héroes de la Unión Soviética por acciones realizadas entre 1941 y 1945; más de una cuarta parte recibió el título póstumamente. La Orden de Ushakov, instituida en 1944, distinguió la dirección de operaciones navales decisivas.
Estas condecoraciones permiten contar la Segunda Guerra Mundial desde dos niveles: el valor individual y las decisiones estratégicas que movilizaron ejércitos enteros.
¿Qué refleja mejor la magnitud de aquella guerra: miles de acciones individuales o las decisiones de un pequeño grupo de comandantes?

INVAP: Radares que se diseñan para el futuro
La Argentina en el radar
La reciente concreción de la exportación de radares a Nigeria marca la madurez de esta línea de desarrollo de la empresa estatal rionegrina INVAP, como también lo ha hecho en los sectores nuclear y satelital. ¿Qué camino debió recorrerse para lograr este hito que expone la capacidad productiva de la Argentina en un sector tecnológico estratégico?
Por Carlos de la Vega || Agencia TSS
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Agencia TSS — El 4 de abril pasado varios medios argentinos dieron cuenta de que partía a Nigeria el primero de los dos radares vendidos por INVAP al Ministerio Federal de Aviación del más poblado de los países africanos. Para el negocio, la ya célebre empresa de tecnología propiedad del gobierno de la Provincia de Rio Negro, con asiento en Bariloche, se asoció a Jampur, una compañía de Emiratos Árabes Unidos (EAU) que le provee a Nigeria equipamiento para sus aeropuertos.
Los dos radares vendidos a Nigeria constituyen la primer exportación de estos sistemas, luego de dos décadas de desarrollo y de haber radarizado la Argentina casi en su totalidad. La exportación, en el camino del desarrollo de nuevas tecnologías, especialmente cuando se hace desde un país periférico, es un momento crucial que denota la madurez, tanto técnica como económica, del producto en cuestión. En el sector nuclear, INVAP viene recorriendo este sendero desde fines de la década de 1980, y ahora lo inicia con el de los radares.
El desarrollo y producción de radares con tecnología propia ya había posicionado a la Argentina entre un selecto grupo de menos de dos decenas de naciones que tienen esta capacidad en el planeta. Ahora, sumando la exportación de estos equipos, el país comienza a emerger como un actor internacional de relevancia en un sector tecnológico estratégico, tanto por sus aplicaciones civiles, como por las militares.
El camino hasta acá
En “Los Ingenieros de la Victoria”, la más reciente obra del afamado historiador británico Paul Kennedy, este especialista en historia militar analiza los aportes de la tecnología y la ingeniería que fueron cruciales para que los aliados derrotaran a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El radar sobresale como uno de los instrumentos fundamentales a los que Kennedy atribuye un rol crucial en la estratégica batalla que libraron Inglaterra y Estados Unidos de América contra Alemania por la prevalencia en el Mar del Norte primero, y luego en los bombardeos sobre las principales ciudades de uno y otro bando.
Los RMF-200V tendrán un alcance instrumental de 200km para vigilancia, y entre 70/80km en modo Defensa Aérea integrado con los RBS-70NG, muy similar a lo que serían los Giraffe 1X de Saab, aunque con un tamaño y alcance instrumental para vigilancia mayor.
Aunque el concepto de los radares era conocido desde la década de 1930, la efectividad y miniaturización necesaria para transformarlo en un instrumento adecuado para ser embarcado en aviones y barcos no se logró hasta 1940, cuando los científicos de la Universidad de Birmingham (Inglaterra), John Randall y Harry Boot, consiguieron construir un magnetrón, artefacto que transforma la energía eléctrica en electromagnética en forma de microondas. A fines de ese mismo año el avance de los británicos fue llevado a los Laboratorios Bell y al Laboratorio de Radiación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, ambos en estadounidenses, en donde rápidamente evolucionó en un artefacto operativo de reducidas dimensiones, dándole a los Aliados una ventaja táctica fundamental contra los submarinos y aviones alemanes.
La historia de los radares en la Argentina es mucho más reciente y no está vinculada a la guerra, sino a las necesidades de la paz y al coraje con sentido nacional en la política.
La Argentina tenía casi dos décadas de intentos de radarización de su espacio aéreo buscando adquirir material extranjero, cuando, luego de dos escandalosas y frustradas licitaciones internacionales durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, Néstor Kirchner decidió crear, en octubre de 2004, mediante el Decreto PEN N° 1407/2004, el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA) que incluía, entre sus previsiones, un cambio drástico de enfoque en el tema. A partir de ese momento, las necesidades de radares del país se proveerían con productos nacionales y para ello era preciso transitar el ciclo completo del desarrollo de la tecnología necesaria. La empresa elegida para esa epopeya fue INVAP.

La compañía estatal rionegrina había estado trabajando desde 2003 en radares y, en enero de ese año, había firmado un contrato con la Fuerza Aérea Argentina (FAA) para el estudio de prefactibilidad para el desarrollo de radares secundarios, los que serían luego denominados RSMA (Radar Secundario Monopulso Argentino).
“Son 20 años de evolución que tenemos de la tecnología de radar. Muy rápido. Desde las misiones SAOCOM hasta resolver las cuestiones de la vigilancia y control aeroespacial”, le manifestó a TSS, DaríoGiussi, gerente de Defensa, Seguridad y Gobierno de INVAP, mientras reflexionaba acerca del hecho de que ahora la empresa entra al mercado internacional a competir contra gigantes tecnológicos de los países desarrollados que llevan, en algunos casos, hasta 80 años haciendo radares apalancados por los presupuestos y el poder de lobby de las principales potencias mundiales. Hablamos de Raytheon (Estados Unidos), Thales (Francia), BaeSystems (Inglaterra), Leonardo (Italia), Indra (España) y Vega (Rusia), a los que se han sumado en los últimos años las compañías chinas, como CETC.
Un ciclo virtuoso que se repite
La provisión de los radares a Nigeria comenzó con un contrato firmado en 2021 que contemplaba dos unidades, la primera de las cuales fue la enviada en abril. El país africano atraviesa por duras circunstancias internas, con grupos terroristas fundamentalistas islámicos como Boko Haram operando, principalmente, en el norte. Si bien los radares provistos por INVAP son tridimensionales de uso civil, destinados al control del tránsito aéreo comercial, también tienen utilidad en el terreno de la defensa y la seguridad.
“Hay un ciclo de adquisición de tecnologías de fuentes no tradicionales de muchos países de África, como Nigeria, Camerún, Mauritania, y también de otros, como Argelia”, explicó Giussi. En este último país, por ejemplo, INVAP está actualizando las instalaciones nucleares que le proveyó a ese país en 1989. “África es un continente que está buscando tecnologías complejas en distintos ámbitos, de fuentes no tradicionales y que le permitan tener un esquema de mayor independencia y con costos menores en los ciclos de vida”, agregó el gerente de INVAP.
El comienzo de las exportaciones de radares vía África remite a una experiencia ya vivida por la Argentina, y específicamente por INVAP, más de cuatro décadas atrás.
El sector nuclear argentino es, sin lugar a dudas, el exponente más exitoso del esfuerzo industrializador que se inició con los dos primeros gobiernos peronistas de mediados de siglo. No sólo consiguió hitos tecnológicos mayúsculos fronteras adentro sino que devino en actor exportador de primer orden. La primer venta al exterior se realizó en 1988 a Perú, con el reactor de investigación, docencia y producción de radioisótopos RP-10, en base a un contrato firmado en 1978. En esta operación la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) trabajó junto a la entonces joven INVAP, que había sido creada en 1976. Luego le seguiría un contrato de 1985 con Argelia, que se concretaría en 1989 con la entrega de las instalaciones del NUR, otro reactor de investigación, docencia y producción de radiosiótopos diseñado y fabricado por INVAP. En 1998 le tocó el turno al reactor ETRR2 concebido y construido para Egipto.
La reputación de calidad, cumplimiento de plazos, adaptación a las necesidades del cliente y transparencia catapultarían a INVAP al mercado nuclear de los países desarrollados. Entre 2002 y 2006 se firmó y ejecutó el contrato del OPAL, un reactor de investigación y producción de radioisótopos para Australia, y en la década siguiente la adjudicación del diseño y construcción del Pallas para los Países Bajos (Holanda), reactor que actualmente está en desarrollo y que cuando entre en operación producirá cerca del 80% del total de los radioisótopos medicinales e industriales que consume Europa cada año.
En la dinámica de penetración de INVAP en el mercado nuclear internacional, un sector sumamente competitivo, con enormes restricciones de entrada y alta competitividad, se observa que primero se realizaron ventas a países periféricos, ávidos de nuevas tecnologías pero con recursos económicos limitados y la necesidad de incrementar su autonomía frente a los proveedores más grandes, provenientes de las principales potencias. Con esos contratos se mejoraron las tecnologías que manejaba la empresa, se adquirieron nuevas capacidades de gestión, se perfeccionaron las existentes y se forjó una reputación de alcance mundial.
Todo ello, amalgamado, haría de INVAP un actor relevante para los países centrales, lo que con le permitiría ingresar a sus mercados. Una clara lección de cómo desarrollar estrategias de internacionalización de sectores intensivos en tecnología desde países periféricos como la Argentina.
En el caso de los radares, aquel derrotero exportador parece repetirse. Luego de desarrollar la tecnología y las capacidades productivas en el mercado interno, algo muy propio de este tipo de actividades conocimiento intensivas, la proyección internacional se realiza a partir de países más cercanos a la Argentina en cuanto a sudesarrollo relativo, para después avanzar hacia los más avanzados.
Las ventas a unos, atraen a otros. “Poder acceder al mercado nigeriano, de manos de nuestro socio [Jamper], es una muy buena referencia para los países vecinos. De hecho, recientemente hemos recibido una visita de Camerún”, explicó Giussi. El socio de INVAP en el contrato con Nigeria, Jampur, es una empresa de origen árabe que, sin bien se encuentra en uno de los países más ricos del mundo, carece de trayectoria como exportador de tecnología y también busca hacerse un lugar en ese mercado.
El éxito exportador de INVAP no es sólo el fruto de una empresa. “Acá hay un trabajo de INVAP, por supuesto, como exportadora, pero también de la Cancillería Argentina, de las embajadas, de nuestra red de proveedores, la Fuerza Aérea Argentina que a través de LADE fue la responsable del traslado del radar, entre otros”, destacó Giussi.
El estado del arte
Con los nuevos radares primarios militares RPA-200 (ver Infografía) INVAP se encuentra en el estado del arte del sector, algo fundamental para tener en cuenta, tanto a la hora de valorar los productos que provee para la Argentina, como sus potencialidades para enfrentar el mercado internacional. Estamos hablando de radares completamente digitales, con la conformación del haz de tipo digital, dotados de semiconductores digitales de alta resistencia de nitruro de galio, importantes capacidades de procesamiento y bien resueltos mecánicamente con estructuras de aluminio.
A la vez, INVAP está trabajando en nuevos productos, como un radar de defensa de punto que pueda trabajar asociado, por ejemplo, a sistemas misilísticos antiaéreos del tipo de los Saab RBS-70 NG, adquiridos recientemente por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas. El contrato para el desarrollo de este tipo de radares, que se denominarán RMF 200V, incluye tres modelos de evaluación tecnológica (MET), tres radares de serie y un paquete logístico para el mantenimiento operativo. Suscripto con el Ejército Argentino (EA) el 28 de noviembre de 2022, el contrato tiene un valor de 21,7 millones de dólares estadounidenses, que serán financiados con el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). Estos radares serán transportables, montados sobre vehículos terrestres con un rango instrumentado de 200 kilómetros (km) en modo de vigilancia aérea, y de 70/80 km en modo de defensa aérea, emplearán para ello banda X,contarán con la capacidad para el seguimiento de hasta 500 blancos simultáneamente y sistema reconocimiento amigo-enemigo (IFF por sus siglas en inglés) opcional. Este tipo de artefactos resultan especialmente útiles para llenar los espacios sin cobertura (gap fillers) que dejan los radares de vigilancia o defensa aérea más grandes, habitualmente fijos, como los RPA (Radar Primario Argentino), también de INVAP.
En el ámbito naval, INVAP viene trabajando en nuevos desarrollos, como radares de detección de superficie y de vigilancia aérea. Por otro lado, momentáneamente no hay una decisión para avanzar en sistemas radar de barrido electrónico puro, sin partes móviles. La razón es que éstos suelen cuadruplicar el costo en relación a los típicos radares con barrido principal electromecánico (los que giran o se mueven lateralmente). El aumento del costo responde al añadido de un barrido electrónico azimutal que debe realizarse en los radares de barrido electrónico puro para acompañar el barrido electrónico vertical que sí poseen los modernos radares electromecánicos. Un gasto así se justifica sólo en sistemas de defensa aérea muy complejos, como los diseñados para enfrentar ataques de armas estratégicas, típicamente misiles intercontinentales nucleares, o para la defensa de buques de guerra en escenarios de combates de muy alta intensidad, como el sistema estadounidense AEGIS.
En carpeta, y a la espera de la decisión política y el financiamiento correspondiente, se encuentran asimismo los radares de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS por sus siglas en inglés) y los AESA de nariz para aeronaves. Una versión de éste último podría equipar una futura modernización del avión de entrenamiento militar avanzado y ataque ligero IA-63 Pampa, que produce FAdeA.
Con respecto al AWACS, “tenemos toda la tecnología para llevarlo a cabo, es un proyecto que hay que estructurar y hacerlo”, enfatizó Giussi. INVAP, junto con la CONAE, ya realizó pruebas entre 2005 y 2010 con un radar de apertura sintética (SAR por sus siglas en inglés) banda X montado en un avión Beechcraft 200F Super King Air de la Armada Argentina, que es un antecedente directo de un AWACS. Un modelo evolucionado de aquélla versión está previsto que equipe a algunos de los futuros IA-58 Pucará Fénix que incorporará la FAA luego de la modernización que llevará a cabo FAdeA en estos míticos aviones de apoyo cercano, y a los futuros aviones no tripulados (UAV por sus siglas en inglés) de largo alcance (Clase III) cuyo desarrollo está en plena negociación entre el Ministerio de Defensa argentino, FAA, INVAP y la mencionada FAdeA. No debe olvidarse, a su vez, que los satélites de observación de la Tierra, SAOCOM 1A y 1B, llevan potentes radares SAR fabricados por INVAP.
Además de la defensa
Además del ámbito de la defensa, INVAP ha seguido adelante con los radares secundarios para el control del tráfico aéreo civil (RSMA) y con los radares meteorológicos del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (SINARAME).
En cuanto a los RSMA (Radar Secundario Monopulso Argentino), a los 22 ya instalados y operativos (ver Infografía), se le sumaran en breve tres más, uno en Paraná (Entre Ríos), otro en Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires) y uno en El Calafate (Santa Cruz). Estos últimos, a su vez, son de una nueva generación que incluye el modo S y el ADS-B. Con el modo S, el radar puede interrogar cada aeronave detectada en forma individual mejorando la precisión en la información recabada y evitando el solapamiento entre las señales de diferentes aeronaves (garbling). Ello permite la gestión segura de espacios aéreos con alta densidad de tráfico como suelen ser los entornos de los modernos aeropuertos internacionales. Con el ADS-B, el radar puede aprovechar la información que envían las aeronaves que determinan su posición vía GPS y brindan más información (extended squitter) que los tradicionales sistemas de transponder Modo S.
Entre los radares que INVAP proveerá en el futuro próximo para la seguridad de la aviación civil, se encuentran tres primarios para los aeropuertos de Ezeiza (Provincia de Buenos Aires), Córdoba y Mendoza, que reemplazarán a los vetustos Westinghouse que actualmente operan en esas locaciones.
Tener radares es muy bueno pero si ellos no se encuentran integrados a una red que alimente adecuados centros de comando y control, gran parte de su utilidad se pierde. Las facilidades provistas por INVAP han contempladoesta necesidad. Los radares militares se interconectan con la sede del Centro de Vigilancia y Control Aeroespacial de la Fuerza Aérea Argentina ubicado en Merlo, en la provincia de Buenos Aires, conocido como “El Pozo” por sus instalaciones subterráneas. A su vez, los radares civiles se conectan, vía IP, con el centro de control de la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA).
Continuidad y previsibilidad
En la carrera mundial por los sectores estratégicos de alta tecnología, sostener los esfuerzos a lo largo del tiempo es crucial para mantenerse en el estado del arte y no perder lo ya conquistado. Son campos en donde su dinámica se parece más al vuelo atmosférico de un cohete, que si no asciende cae, que a la de un avión que tiene la posibilidadde mantenerse nivelado a una altura fija.
En momentos en los cuales la Argentina enfrenta un pronto cambio de gobierno donde buena parte de las propuestas electorales sólo prometen ajuste y retrocesos en casi todos los ámbitos de la vida social, incluido el tecnológico y productivo, es bueno tener presente la relevancia de la industria de radares en el país y su importancia estratégica, tanto como instrumento para la seguridad y la defensa nacional, como de la economía, ahorrando divisas evitando importaciones,y generándolas a partir de las exportaciones.
Al igual que en la casi totalidad de los sectores tecnológicos intensivos en conocimiento, el desarrollo de radares depende de modo fundamental de la acción estatal. Esto ha sido así, en el muy capitalista Estados Unidos, en la antigua Rusia soviética, en la actual China sui generis, y en cualquier ejemplo intermedio que se desee invocar. El Estado actúa en estos casos de múltiples formas: como cliente de primer instancia, facilitador, promotor internacional, e incluso como protección frente a las presiones de competidores externos consolidados que desean neutralizar a los actores que emergen a partir de los logros tecnológicos y empresariales propios.
En este sentido, la persistencia de políticas públicas de desarrollo claras, potentes y oportunas debería transcender cualquier diferenciación ideológica. “Lo que uno desearía siempre es continuidad y previsibilidad”, dijo Giussi. Y concluyó: “Con continuidad, aunque haya que gestionar cierta imprevisibilidad, nos damos por conformes”.
lunes, 27 de julio de 2026
Propaganda: Mundial, Malvinas y las operaciones de inteligencia
Argentina bajo fuego: Una guerra cognitiva global que el Gobierno todavía parece confundir con una polémica de redes

Por Daniel Romero
Buenos Aires – 24 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La derrota de la Selección argentina frente a España en la final del Mundial dejó de ser un episodio deportivo cuando gobiernos autoritarios, organizaciones terroristas, dirigentes occidentales, medios estatales, celebridades e influencers comenzaron a utilizar el resultado para golpear simultáneamente a Estados Unidos, Israel y la Argentina, uno de los principales aliados regionales de ambos países.
La secuencia reúne características propias de una operación de guerra cognitiva: apropiación de un acontecimiento emocional de alcance planetario, construcción acelerada de bandos morales, asociación de una selección deportiva con las decisiones internacionales de su gobierno y amplificación de mensajes destinados a modificar la percepción pública sobre un país.
Desde luego no se puede afirmar que todas las reacciones hayan respondido a un comando centralizado o a una mesa de coordinación integrada por Rusia, China, Irán, organizaciones islamistas y sectores de la izquierda occidental, pero precisamente de eso se trata, los actores preparan el terreno y las emociones consagran el daño. En inteligencia, confundir convergencia con coordinación constituye un error. Pero también sería ingenuo descartar el fenómeno porque los actores no hayan recibido una misma orden.
La guerra cognitiva funciona precisamente mediante ecosistemas en los que gobiernos, medios, activistas, cuentas automatizadas, figuras públicas y usuarios comunes amplifican narrativas compatibles, aunque no siempre exista una conducción única. La OTAN define este tipo de confrontación como el empleo de información, capacidades psicológicas, tecnologías digitales y herramientas de ingeniería social para afectar percepciones, actitudes y comportamientos. El objetivo no consiste solamente en modificar qué piensa una sociedad, sino la forma en que interpreta la realidad y toma decisiones.
La final del Mundial proporcionó un escenario extraordinario porque concentró audiencias globales, identidades nacionales, rivalidades históricas y emociones extremas. En ese contexto, un resultado futbolístico pudo transformarse en una supuesta derrota del eje formado por Washington, Jerusalén y Buenos Aires.
El caso más explícito surgió desde Teherán. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, felicitó públicamente a España y vinculó su victoria con la posición adoptada por el gobierno de Pedro Sánchez frente a la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue aún más lejos al afirmar que el triunfo español había llevado alegría a las naciones “libres” y “amantes de la justicia” que se oponen a Washington y Jerusalén.
El régimen que reprime la oposición interna, restringe libertades políticas y mantiene una estructura de poder teocrática convirtió así un campeonato de fútbol en una victoria propagandística contra dos países con los que se encuentra en guerra y contra la Argentina, cuyo gobierno respaldó abiertamente a Estados Unidos e Israel.
La reacción fue acompañada por organizaciones alineadas con Teherán. Basem Naim, dirigente de Hamas en el exterior, felicitó a España y presentó la derrota argentina como una noticia capaz de irritar a Israel y a sus aliados. El vocero hutí Nasr al-Din Amer sostuvo que incluso en los deportes pierde quien es respaldado por Israel.
No se trató de simples felicitaciones deportivas. La Argentina fue incorporada discursivamente al campo enemigo porque su presidente, Javier Milei, sostiene una alianza política con Trump y un respaldo firme a Israel. La camiseta nacional pasó a representar, dentro de esa narrativa, un alineamiento estratégico que debía ser castigado simbólicamente.
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan también felicitó a España, aunque el mensaje oficial conocido no incluyó un ataque directo contra la Argentina ni la retórica antiestadounidense y antiisraelí empleada por Teherán. Incluirlo automáticamente dentro de una operación coordinada sin esa distinción debilitaría el análisis.
La intervención iraní coincidió con una corriente de críticas surgida en España y otros países europeos, donde sectores de la izquierda política y cultural presentaron la victoria de su selección como una reivindicación de valores progresistas, multiculturalismo y solidaridad con Palestina. El actor Javier Bardem, por ejemplo, celebró la diversidad del equipo español y vinculó su triunfo con las posiciones políticas que viene defendiendo públicamente.
La coincidencia discursiva no convierte automáticamente a todos esos actores en agentes de Teherán. La utilidad de una operación cognitiva radica en que puede aprovechar reclamos, ideologías, resentimientos y debates auténticos para orientarlos hacia un resultado estratégico. La propaganda más eficaz no necesita inventar cada elemento: selecciona hechos reales, los descontextualiza, los carga emocionalmente y los integra en una explicación totalizadora.
La investigación académica sobre campañas coordinadas durante la guerra iniciada por el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023 mostró que muchas operaciones digitales se apoyan en tácticas simples: repetición masiva, copiado de mensajes, amplificación selectiva y coordinación entre grupos pequeños. El estudio también advirtió que no todo comportamiento convergente prueba la existencia de control centralizado.
Ese matiz resulta esencial para analizar lo ocurrido con la Argentina. Lo comprobable es la aparición simultánea de narrativas procedentes de actores con intereses distintos pero compatibles: Irán y sus aliados utilizaron la derrota para atacar a Israel y Estados Unidos; sectores españoles la relacionaron con Palestina y con su modelo político; medios británicos reactivaron la disputa por Malvinas; influencers y celebridades transformaron controversias deportivas en juicios generales sobre la sociedad argentina.
La ofensiva británica comenzó antes de la final, después de que jugadores argentinos exhibieran la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras eliminar a Inglaterra. Funcionarios británicos y medios del Reino Unido reclamaron una investigación de la FIFA, denunciaron la introducción de política en el fútbol y reafirmaron la posición colonial británica sobre las islas. La Casa Blanca, en cambio, respaldó el derecho de los futbolistas a expresarse en territorio estadounidense. 48 horas antes, una supuesta ONG junto firmas para expulsar a Argentina de la FIFA.
La reacción atribuida al gobierno de Keir Starmer no debe ser considerada un comentario aislado. El Reino Unido posee un interés permanente en desacreditar internacionalmente el reclamo argentino sobre Malvinas y en presentar cualquier manifestación soberanista como agresiva, anacrónica o contraria a la voluntad de los isleños.
El Mundial ofreció a Londres una plataforma de alcance incomparable. La bandera argentina fue presentada como una provocación política, mientras la ocupación británica quedó desplazada del centro del debate. El objeto de la discusión dejó de ser la controversia de soberanía reconocida por las Naciones Unidas y pasó a ser la supuesta inconducta de los jugadores.
Ese cambio del marco interpretativo es una técnica clásica de guerra cognitiva: trasladar la atención desde el hecho que perjudica al emisor hacia la conducta, el tono o la legitimidad del adversario. No se discute entonces por qué continúa la disputa territorial, sino por qué Argentina se atreve a mencionarla.
La campaña posterior a la final añadió acusaciones de racismo, violencia, mal comportamiento y falta de respeto deportivo. Algunos hechos concretos, como los incidentes entre jugadores después del partido, son investigados por la FIFA y no deben ser negados. España ganó 1 a 0 y su entrenador, Luis de la Fuente, calificó de intolerable la conducta de determinados integrantes del plantel argentino.
La existencia de una infracción o una conducta criticable, sin embargo, puede servir como punto de apoyo para una operación mucho más amplia. La guerra cognitiva no requiere que toda la información sea falsa. La OTAN advierte que una filtración auténtica, una imagen real o un episodio comprobado pueden ser suficientes para sembrar desconfianza, polarizar sociedades y desencadenar campañas virales.
Rusia y China no necesitan haber emitido una declaración específica contra la Argentina después de la final para formar parte del escenario estratégico general. Ambos países mantienen capacidades permanentes de manipulación informativa y operaciones de influencia. El Servicio Europeo de Acción Exterior identifica a Rusia como el principal actor de interferencia informativa extranjera investigado en Europa y señala también el crecimiento de la infraestructura china destinada a erosionar la confianza y manipular espacios públicos digitales.
La doctrina rusa busca debilitar la cohesión occidental, desacreditar a Estados Unidos y reducir el apoyo internacional a Ucrania. China combina diplomacia, medios estatales, presión económica, narrativas históricas y amplificación de mensajes rusos, especialmente en el denominado Sur Global. Irán posee capacidades menos sofisticadas, pero un elevado apetito de riesgo y considera que mantiene una guerra informativa activa contra sus adversarios.
La Argentina se vuelve un objetivo relevante porque abandonó la ambigüedad internacional de gobiernos anteriores, respaldó a Ucrania frente a la invasión rusa, fortaleció su relación con Estados Unidos y se alineó con Israel contra el régimen iraní y sus organizaciones subsidiarias.
Atacar la imagen argentina permite castigar a un aliado, introducir costos políticos internos para Milei, enfrentar a sectores de la sociedad entre sí y demostrar a otros países latinoamericanos que acercarse a Washington y Jerusalén puede generar campañas internacionales de señalamiento.
La principal debilidad argentina no reside únicamente en la potencia de los adversarios, sino en la ausencia de una respuesta institucional visible. A casi una semana de la final, no se conoció una evaluación pública de la inteligencia nacional, una atribución técnica de campañas coordinadas, un informe sobre cuentas inauténticas ni una advertencia oficial sobre el aprovechamiento geopolítico del episodio.
Esa falta de comunicación prueba que la Secretaría de Inteligencia de Estado —SIDE— no está investigando internamente dado que acostumbra a lanzar comunicaciones via redes por cualquier nimiedad. Las operaciones de inteligencia no se anuncian necesariamente, pero para un organismo que suele utilizar X por pequeños aportes a la justicia, publicar algo sobre éste ataque, resultaba más que necesario. Pero cuando una campaña se desarrolla en el espacio público, el silencio completo también produce efectos: deja el terreno narrativo en manos de los adversarios y permite que el Gobierno trate el fenómeno como un gigantesco streaming, una discusión entre influencers o una nueva batalla cultural de pocas horas.
La respuesta tampoco debería consistir en censurar críticas, perseguir usuarios o calificar como agentes extranjeros a todos los que cuestionan a la Selección o al Gobierno. Una democracia debe diferenciar opinión legítima, periodismo, militancia, propaganda estatal y operaciones encubiertas y los especialistas deben poder distinguirlas.
Las recomendaciones elaboradas por la OTAN y la Unión Europea incluyen crear unidades permanentes de análisis de fuentes abiertas, identificar patrones de coordinación, compartir información entre inteligencia, diplomacia, defensa y sector privado, fortalecer la alfabetización digital, anticipar narrativas mediante técnicas de prebunking y exponer públicamente las redes vinculadas con actores extranjeros cuando existan pruebas suficientes.
La Argentina necesita además un centro nacional de respuesta contra la manipulación informativa extranjera que funcione, con conducción civil, control parlamentario y protocolos que protejan la libertad de expresión. Ese organismo debería observar campañas contra intereses estratégicos, analizar la circulación internacional de contenidos en español, inglés, ruso, persa, árabe y chino, y coordinarse con Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y países latinoamericanos.
También debería reconstruirse la capacidad de comunicación estratégica de la Cancillería. Una reivindicación como la de Malvinas no puede quedar defendida únicamente por futbolistas, veteranos o usuarios de redes mientras Londres despliega rápidamente portavoces, medios, parlamentarios y organizaciones vinculadas con las islas.
El Gobierno deberá decidir si interpreta lo ocurrido como una controversia deportiva o como una advertencia. Los actores que celebraron la derrota argentina ya explicaron públicamente el sentido que le asignan: para Teherán, Hamas y los hutíes no ganó solamente España; perdió un país alineado con Estados Unidos e Israel.
Fuentes consultadas: Total News Agency; OTAN; Allied Command Transformation; NATO Defense College; Servicio Europeo de Acción Exterior; Gobierno británico; Casa Blanca; FIFA; Tasnim; IRNA; Al Jazeera; Agencia Anadolu; Israel Hayom; Reuters; Associated Press; The Guardian; investigaciones académicas sobre campañas coordinadas e integridad informativa.
