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La larga columna de tanques británicos y blindados ligeros avanzaba lentamente por la ruta normanda, inclinada y polvorienta, bajo el sol brillante de la madrugada, hasta que se detuvo a un costado del camino. Cerca de allí, a apenas doscientos metros, al reparo de una alta línea de árboles y setos, la tripulación de un tanque Tiger alemán no podía creer lo que estaba viendo.
Frente a sus ojos, una marea de figuras caqui invadía la carretera. Los soldados británicos fumaban como chimeneas, se movían con calma y hasta se ponían a preparar té, como si estuvieran en una pausa de campamento y no en pleno frente de batalla.
El Obersturmführer de las SS Michael Wittmann observaba la escena sin aliento. Era cierto que les habían advertido que podían esperar una avanzada británica en la zona, en dirección a la estratégicamente importante ciudad de Caen, ubicada a unas doce millas al este. Pero no tan rápido. No así. No sin aviso previo. Y ahora los británicos parecían relajados, casi instalándose para pasar el día.
—Están actuando como si ya hubieran ganado la guerra —dijo el cabo de Wittmann, Balthazar “Bobby” Woll.
Wittmann lo miró con furia contenida.
—Vamos a demostrarles que están equivocados —respondió.
Ordenó entonces a su compañía lanzarse al ataque. Dejó tres Tiger para proteger los flancos y salió rugiendo hacia la carretera, abriendo fuego con sus armas. Así comenzó una de las acciones de tanques más polémicas, discutidas y malinterpretadas de toda la guerra.

EN CAMINO Tigers de la 2ª Compañía del 101ª SS Panzer Batallón en su camino a Normandía. El Tiger de Wittmann (No. 205) está al frente.
Amarga batalla en el día D
Con las primeras luces del alba, hombres de la 3.ª División de Infantería británica se deslizaron sobre la arena blanda y oscura de la Francia ocupada. Las fuerzas que desembarcaban en aquella playa, con nombre en clave “Sword”, tenían una misión crítica: empujar tierra adentro y capturar la mayor cantidad posible de territorio enemigo.
Para eso, las tropas de asalto de la división entraban en acción con tres brigadas completas de infantería, ocho batallones en total, apoyados por la 27.ª Brigada Blindada Independiente, equipada con tres regimientos de Sherman DD, además de varias unidades de ingenieros, personal naval y elementos de apoyo. Era una fuerza formidable. En teoría, cada brigada blindada independiente contaba con una dotación estándar de 190 tanques medianos y 33 tanques ligeros: más que suficiente, sobre el papel, para plantarse frente a cualquier división panzer alemana.
Si a eso se le sumaba la mezcla de ingenieros y tropas especiales, la 3.ª División se convertía en una formación de mucho peso. Y la verdad es que iba a necesitar cada unidad disponible. Su orden principal era romper las defensas alemanas de primera línea y tomar, antes de la noche, la importante ciudad interior de Caen.
Al principio, la cosa salió bastante bien. Comparada con los combates mortales en el sector estadounidense de “Omaha” y en el sector canadiense de “Juno”, unas millas más al oeste, la resistencia alemana en Sword fue sorprendentemente breve. Buena parte de las tropas alemanas del sector pertenecía a la 716.ª División, una formación costera pobremente equipada y ya bastante baqueteada, bajo el mando de un general de aspecto preocupado llamado Wilhelm Richter.
El problema más serio que enfrentaban los soldados británicos, cargados hasta las cejas de equipo, era cómo llegar a tierra atravesando cuatro pies de agua fría y agitada, agarrándose de las cuerdas que corrían hacia la playa mientras peleaban con todo el peso de su equipo encima. Aun así, para las once de la mañana, tres batallones de infantería ya se habían reunido tierra adentro, habían dejado atrás la playa y habían establecido un cuartel general de división en Hermanville.
Ahora tocaba avanzar sobre Caen.
El KSLI, es decir, la King’s Shropshire Light Infantry —un nombre larguísimo para cualquiera que no sea inglés—, abrió la marcha, acompañado por varios Sherman de la Staffordshire Yeomanry.
COMANDO CONTINENTAL Los comandos se mueven por delante de la playa Sword con los tanques Sherman Duplex-Drive (DD) de la 27ª Brigada Blindada.Tanto la infantería como los tanques venían de muy buen ánimo. La mayoría de los hombres de la Staffordshire Yeomanry había desembarcado correctamente, incluso mejor que en los ejercicios, y hasta se habían tomado el tiempo de calentar cacao en la playa mientras la infantería se iba reuniendo.
Pero los acontecimientos ya empezaban a escapárseles de las manos a los británicos. En el flanco del KSLI, el 1.º Regimiento de Suffolk se topó con dos posiciones defensivas alemanas importantes, llamadas “Morris” y “Hillman”. Como un remolino, esos puntos fuertes empezaron a absorber cada vez más recursos de la fuerza de asalto.
Peor todavía: como descubrió el teniente coronel F. J. Maurice, del KSLI, buena parte de los tanques de Staffordshire había quedado atrapada en tremendos embotellamientos sobre la playa. A la infantería se le ordenó avanzar a pie, con la promesa de que el resto de los Staffords llegaría pronto.
Pero Morris y Hillman se iban a convertir en dos espinas clavadas en el costado británico. Morris recién cayó a la una de la tarde; Hillman, en cambio, siguió resistiendo hasta la noche, causando fuertes bajas entre otros regimientos que venían detrás del KSLI.
En Biéville, la suerte del KSLI finalmente se acabó cuando chocó con cañones autopropulsados alemanes. Se armó una batalla abierta, y justo cuando los cañones alemanes empezaban a retirarse, llegaron refuerzos de una división panzer alemana: veteranos del Norte de África. Para las seis de la tarde, el avance británico se había frenado. La carrera hacia Caen había quedado frustrada.
Mientras tanto, en las playas occidentales, la 50.ª División Northumbrian británica avanzó desde la playa “Gold” y, al caer la noche, alcanzó la carretera Bayeux-Caen.
A pesar de los objetivos fijados para el Día D, la división se consolidó firmemente en su sector y esperó refuerzos. Entró en Bayeux al mediodía del día siguiente, el 7 de junio, sólo para descubrir que los alemanes la habían abandonado. Pero el avance posterior fue lento, y Caen quedó como un recordatorio constante de las oportunidades perdidas.
El mariscal de campo Bernard Montgomery, comandante del 21.º Grupo de Ejércitos, ordenó a sus hombres tomar la ciudad mediante un asalto directo entre el 7 y el 8 de junio. El ataque fracasó de manera miserable. La mayoría de sus divisiones había avanzado, sí, pero la resistencia alemana era feroz. El mejor progreso lo había logrado la 50.ª División Northumbrian, que había avanzado unas tres millas hacia Seulles, Longues y un pueblo del interior llamado Tilly-sur-Seulles.
Frustrado por la falta de un avance rápido, Montgomery desembarcó el 8 de junio y estableció su cuartel general en el Château de Creully, sólo para encontrarse con que la situación táctica era muy distinta de la que había previsto.
Sus divisiones principales llevaban dos días enteros en contacto constante con el enemigo, sin descanso, y el desgaste ya se les notaba. La posibilidad de capturar Caen, o siquiera de romper hacia el sur, parecía alejarse hora tras hora. Para colmo, las primeras divisiones panzer alemanas de élite ya habían llegado al campo de batalla.
Tomaron posiciones frente a divisiones de infantería británicas muy experimentadas, pero debilitadas. Y esas divisiones, salvo por el apoyo de algunas brigadas blindadas, estaban muy escasas de tanques pesados, que sólo podían venir de las divisiones blindadas convencionales que todavía vivaqueaban en Inglaterra.
La 12.ª División Panzer SS “Hitlerjugend”, con tantos veteranos curtidos como adolescentes fanatizados en sus filas, ocupó posiciones frente al I Cuerpo y el XXX Cuerpo británicos, al sur de Bayeux. En el flanco oriental, la 21.ª División Panzer había sostenido la línea pese a los esfuerzos de la Staffordshire Yeomanry y de la 3.ª División por romperla.
Montgomery entendió rápidamente que lanzar una ofensiva frontal contra esas dos divisiones de primera línea podía terminar en un desastre para sus tropas cansadas. En lugar de eso, decidió flanquearlas. Flanquearlas como el mariscal de campo Erwin Rommel, del Afrika Korps, había flanqueado una y otra vez al Octavo Ejército en el Norte de África dos años antes, hasta que ya no quedó espacio para seguir maniobrando.
Las estrecheces del desierto alrededor de la ciudad egipcia de El Alamein habían puesto fin a esa lógica de flanqueo, y el ataque frontal resultante contra las tropas aliadas había sido un fiasco completo. Ahora que los papeles se habían invertido, Montgomery se preguntó si Rommel —por entonces al mando del Grupo de Ejércitos B, del otro lado de la línea— se habría dado cuenta.
Montgomery dejó clara su decisión en una carta dirigida al Secretario Militar de la Oficina de Guerra, el 8 de junio, donde escribió:
“Los alemanes están haciendo todo lo posible para conservar Caen. He decidido no sufrir una pila de bajas golpeándome contra ese lugar. Por eso he ordenado al Segundo Ejército mantener una buena presión y concentrar su esfuerzo principal hacia Villers-Bocage y Évrecy, y desde allí avanzar hacia el sudeste, en dirección a Falaise.”
Buena parte de la oposición blindada alemana en esta etapa de la lucha estaba formada por los ya veteranos Panzer IV, aunque en versiones mejoradas y todavía perfectamente capaces de medirse de igual a igual con los Sherman y los Cromwell británicos.
En defensa, sin embargo, los Sherman DD de la Staffordshire Yeomanry, armados con cañones de 75 mm, se habían comportado mejor de lo esperado, infligiendo pérdidas apreciables a la 21.ª División Panzer entre el 7 y el 8 de junio.
Como consecuencia, varios oficiales aliados de alto rango querían que los tanques se adelantaran por su cuenta y abrieran camino, formando una especie de Schwerpunkt blindado, un punto de esfuerzo concentrado capaz de romper la línea alemana. Algunos elementos acorazados, de hecho, llegaron a hacerlo hasta cierto punto.
El Día D, los Sherman de la 2.ª Brigada Blindada Canadiense habían conseguido alcanzar por sí solos la carretera Caen-Bayeux. Pero enseguida recibieron la orden de volver a la cabeza de playa, porque no tenían infantería que los cubriera. En otras palabras: habían llegado demasiado lejos, demasiado rápido, y estaban quedando regalados.

La 8.ª Brigada Blindada, que había desembarcado en Gold junto con los 50.º Northumbrians, intentó hacer algo parecido. Pero al avanzar tierra adentro se encontró frenada por el terreno cerrado de setos, la mala visibilidad y los alemanes desplegando armas antitanque portátiles.
Los comandantes de tanque estaban especialmente atentos a los francotiradores y al Panzerfaust 30, un cohete antitanque de carga hueca y corto alcance capaz de perforar unos 200 mm de blindaje. Para ponerlo en perspectiva: el blindaje máximo del Sherman Mk V rondaba los 76 mm, y eso sólo en la parte frontal de la torreta.
Para colmo, el clima se estaba poniendo fulero. Y, en cualquier caso, Montgomery no podía avanzar en los días siguientes sin el beneficio del apoyo aéreo, que dependía de un tiempo despejado que apenas aparecía uno de cada tres días.
En ese momento crítico, cuando los alemanes todavía estaban desorganizados y en parte seguían aferrados a la idea de que el asalto principal aliado caería en la región de Calais, los británicos no podían explotar del todo la oportunidad. No por falta de ganas ni de fierros, sino porque los elementos les jugaron una mala pasada.
LÍDER SUPERCONFIDENTE Montgomery, normalmente un comandante cauteloso y metódico, tenía grandes esperanzas para su flanco en torno a Caen, pero no había calculado la ferocidad de la defensa alemana.
La pérdida de impulso empezó a jugar ahora a favor de los alemanes, que aprovecharon el respiro para traer nuevas divisiones desde el sur. Una de ellas fue la 130.ª División Panzer Lehr, al mando de un viejo zorro del desierto: el teniente general Fritz Bayerlein, ex oficial de Estado Mayor en el cuartel general del Panzerarmee Afrika de Rommel.
Aunque todavía no había sido probada en combate, la Panzer Lehr era considerada una unidad de élite por su altísimo nivel de entrenamiento. Por eso estaba equipada con material de primera: 99 Panzer IV y 89 Panther. En la noche del 9 de junio, la división llegó a la línea cerca de Tilly-sur-Seulles, después de una marcha de casi 90 millas desde Chartres, durante la cual había sufrido varios ataques de cazabombarderos aliados. En el camino perdió unos 130 camiones, cinco tanques y 84 cañones autopropulsados.
Aunque las pérdidas de tanques habían sido relativamente bajas, la destrucción de tantos camiones de apoyo se convirtió en un dolor de cabeza serio. Aun así, la división se sumó a la 21.ª Panzer y a la 12.ª SS Panzer “Hitlerjugend” en la defensa, formando junto con ellas el principal escudo blindado alrededor de Caen, reforzado además por los restos de varias divisiones de infantería estática.
En el bando británico, el comandante del Segundo Ejército, el teniente general Miles Dempsey, que desde un principio había previsto que Caen no iba a caer fácilmente, volvió sobre un plan de contingencia preparado antes del Día D. Propuso ejecutar la Operación “Perch”, una amplia maniobra de flanqueo al oeste de Caen: el XXX Cuerpo debía avanzar hasta Tilly-sur-Seulles y luego hacia Mont Pinçon, una elevación de unos 1.183 pies situada a veinte millas al sudoeste de Caen.
Montgomery estuvo de acuerdo. Era exactamente el tipo de ataque envolvente que necesitaba. Los refuerzos británicos venían llegando a buen ritmo, y el momento parecía maduro para una corrida audaz hacia el sur.
Para entonces, la 7.ª División Blindada del mayor general George “Bobby” Erskine, las famosas “Ratas del Desierto”, que se habían ganado su reputación peleando contra las tropas de Rommel en el Norte de África, había empezado a desembarcar en Gold durante la tarde del 6 de junio. Para la noche del día 7, la 22.ª Brigada Blindada de la división ya había desembarcado por completo, aunque la 131.ª Brigada de Infantería Queen’s recién llegó el 12 de junio.
La división, acostumbrada a las enormes extensiones abiertas del desierto, quedó sorprendida por los espacios cerrados de Normandía. Los bocages, esos setos macizos y altísimos, algunos de hasta doce pies de altura, parecían bordear cada campo, cada camino y cada sendero. Detrás de cualquiera de ellos podía estar emboscado un regimiento alemán entero.
En una ocasión, un comandante de tanque del 5.º Regimiento de Tanques, mientras maniobraba su Sherman por una carretera, se vio obligado a combatir cuerpo a cuerpo contra infantes alemanes que saltaron sobre su vehículo desde varios terraplenes altos. No era el desierto: era una ratonera verde, cerrada y traicionera.
Aun así, Montgomery esperaba que el empleo de esta formación descansada y curtida inclinara la balanza en la línea del frente.
Pero los primeros avances británicos bajo Perch ya estaban perdiendo fuerza cuando la Panzer Lehr empezó a pelear con dureza para contener Tilly. Frustrados, Dempsey y su Estado Mayor propusieron una operación todavía más ambiciosa. Llamaron al plan “Wild Oats”.
La idea era enviar fuerzas blindadas en una rápida maniobra al oeste de Caen, donde se encontrarían al sur de la ciudad con la 1.ª División Aerotransportada británica. Al mismo tiempo, al este de Caen, la 51.ª División Highland, otra veterana del Norte de África, debía romper la línea y enlazar también con los paracaidistas. En los papeles, eso habría dejado a Caen prácticamente rodeada.
Era un plan radical, con tantas posibilidades de éxito brillante como de fracaso rotundo. Por desgracia para sus planificadores, murió en el escritorio del comandante aéreo aliado, el mariscal del aire Trafford Leigh-Mallory, siempre escéptico respecto de las operaciones aerotransportadas.
De todos modos, los oficiales del Ejército querían intentarlo. La 7.ª División Blindada fue incluida en el orden de batalla de Wild Oats, pero se perdió un tiempo precioso tratando de organizar el esfuerzo. Cuando los tanques de Erskine estuvieron listos, ya era 10 de junio, y Wild Oats empezaba a desvanecerse como posibilidad realista.
Temiendo que el frente quedara “congelado”, Dempsey pidió que la 7.ª Blindada fuera empleada de manera más activa. En una serie de discusiones realizadas el 12 de junio, Dempsey, Erskine y el teniente general Gerard Bucknall, del XXX Cuerpo, modificaron Perch.
A Erskine se le ordenó dejar la mayor parte de su división —la 131.ª Brigada Queen’s, junto con la 8.ª Brigada Blindada— en la línea frente a Tilly, y llevar sus tanques, acompañados por un pequeño contingente de infantería de la Queen’s, en una maniobra de flanqueo occidental.
En las líneas alemanas se había abierto una brecha crítica entre la Panzer Lehr y la 352.ª División de Infantería. La 22.ª Brigada Blindada, bajo el brigadier Robert “Loony” Hinde, debía avanzar, capturar Villers-Bocage y luego caer sobre los flancos de la Panzer Lehr.
La velocidad y la agresividad eran esenciales. Pero, como suele pasar con algunos de los mejores planes, bastó un solo disparador externo —como diría más tarde el autor inglés James Burke— para cambiarlo todo.
Agotadas Ratas del Desierto
Cuando le preguntaron por qué había decidido no comprometer en el Día D a dos formaciones veteranas de sus victorias en el Norte de África —la 7.ª División Blindada y la 51.ª División Highland—, Montgomery respondió:
“No mandás primero a tus mejores bateadores”.
Pero ya había señales de que la 7.ª Blindada había dejado de ser, bastante rápido, uno de esos “mejores bateadores”, o al menos una unidad de primera línea en pleno filo. Cuando la división regresó a Inglaterra a fines de 1943, la mayoría de sus hombres no había visto el Reino Unido desde antes de la guerra. Muchos camaradas habían muerto durante casi tres años de combate ininterrumpido en el Mediterráneo, y casi todos sabían que probablemente los esperaba una lucha todavía más dura en Europa occidental.
Había una opinión casi unánime, aunque dicha en voz baja: la división ya había hecho su parte en el Norte de África mientras otras unidades habían entrenado en la relativa seguridad de Inglaterra. Ahora, pensaban muchos, le tocaba al resto del Ejército ponerse a la altura.
Erskine era consciente de ese clima, pero mantener la disciplina se volvió más difícil cuando un número importante de oficiales y suboficiales experimentados fue transferido a unidades verdes. Todavía más dañino para el espíritu de cuerpo de los que quedaron fue el reemplazo de sus confiables Sherman por Cromwell de fabricación británica. En algunos aspectos, el Cromwell era un mejor tanque; pero mecánicamente resultaba menos confiable.
Parte del enojo se suavizó con la introducción, en enero de 1944, de los Sherman Firefly, una variante armada con el feroz cañón de 17 libras, que les daba a las tripulaciones una chance mucho más seria de tumbar a los grandes tanques alemanes.
Aquello era el resultado de varios intentos por dotar a las fuerzas británicas de mejor equipamiento. Buena parte de la campaña del desierto, entre 1940 y 1942, se había peleado con tanques inadecuados o directamente superados, enfrentando a alemanes mejor armados y mejor provistos.
Un informe del Ejército de 1942 había empeorado la situación al sostener que los británicos no necesitaban un cañón de tanque mayor que el de 75 mm, una afirmación que pasaba por alto algo bastante obvio: los alemanes también podían mejorar su armamento.
Por suerte para los británicos, incluso antes del Día D, Dempsey y el teniente general Richard O’Connor, del VIII Cuerpo, ya habían advertido que el poder antitanque del Ejército británico debía ser reforzado. “Los 17 libras en todas sus formas y la munición de sabotaje son absolutamente prioritarios en nuestra lista de equipamiento”, afirmaron.
Al menos 144 tripulaciones dejaron registradas oficialmente sus impresiones sobre el montaje del 17 libras en el Sherman. “Por fin, un cañón en el que uno podía confiar para meterle bien los dientes a un tanque alemán que se le cruzara”, dijo un sargento.
Incluso Montgomery, que en materia de tanques tenía algo de disciplinador obsesivo, reconoció que el 17 libras era “el más popular”.
En potencia de impacto y precisión, el arma rivalizaba con los cañones alemanes largos de 75 mm y con el formidable 88 mm. Pero no era perfecta. Hubo ocasiones en que su munición no consiguió perforar el blindaje frontal de los grandes felinos alemanes, los Tiger y los Panther, y la precisión del cañón caía de manera perceptible más allá de las mil yardas.
También pesaba el hecho de que el cañón había sido diseñado como un arma antitanque de alta velocidad. Apenas podía adaptarse al uso de proyectiles de alto explosivo, de menor velocidad, contra la infantería. Eso demoró su empleo más amplio durante buena parte de 1944, hasta que se encontró una solución en septiembre.
Mientras tanto, cuando el Firefly llegó a Normandía, sólo había cuatro tanques de ese tipo por cada escuadrón blindado: uno por tropa. El 11 de junio había apenas 84 Firefly en Normandía; para fin de mes serían 149, y para fines de julio, 235.

SALIENDO DE LA PLAYA El 4to condado de de Yeomanry en Londres se aleja de "Gold Beach". A la cabeza se encuentra un Cromwell, seguido de un Firefly.
Claro:
Dempsey fue al cuartel general de Bucknall el 11 de junio, con un tiempo valioso ya desperdiciado en el abortado plan “Wild Oats”, para empujar al XXX Cuerpo a entrar finalmente en acción.
De vuelta en el frente, Erskine estaba frustrado por la falta de órdenes claras. Convencido de que Perch debería haberse puesto en marcha un día antes, mascullaba bronca en privado contra la modorra de los cuarteles generales. Ahora que por fin habían llegado las órdenes de avanzar, encaró la tarea con entusiasmo, y más tarde les diría a sus superiores que “nunca había tenido serias dificultades para derrotar la resistencia enemiga”.
La brecha abierta entre Caumont y Villers-Bocage era amplia y, en apariencia, fácil de explotar. Las divisiones alemanas 2.ª Panzer y 17.ª SS Panzergrenadier estaban destinadas a tapar ese hueco, pero venían demoradas en tránsito.
Entonces, al mediodía del 12 de junio, Dempsey tomó una decisión importante. Un informe de la 22.ª Brigada Blindada resumió así la elección:
“Debido a la dificultad del terreno y al consiguiente avance lento, la 7.ª División Blindada intentaría girar la posición enemiga por la izquierda del sector estadounidense. Los norteamericanos ya estaban al norte de Caumont, y existía una oportunidad para explotar un éxito hacia Villers-Bocage y, de ser posible, ocupar la Colina 113.”
Erskine, ahora doblemente ansioso por recuperar el tiempo perdido, envió hacia la brecha a los tanques del 4.º Regimiento Yeomanry del Condado de Londres —el 4CLY— junto con elementos de la 1.ª Brigada de Fusileros, unidades de reconocimiento e infantería.
Al mismo tiempo, otra unidad alemana empezaba a llegar al sector. Se trataba del 101.º Batallón Pesado Panzer SS (schwere SS-Panzer-Abteilung 101), una unidad de tanques pesados equipada con Tiger I, bajo el mando del teniente coronel Heinz von Westernhagen.

BRASS Tres altos mandos británicos emergen de sus jefaturas del campo delantero en Ranville. Desde la izquierda: los tenientes generales John Crocker de I Corps, Miles Dempsey, el comandante del 2do Ejército y Gerard Bucknall de XXX Corps
Originalmente estacionado en Beauvais, el batallón había recibido la orden de trasladarse al frente el 6 de junio. Con una dotación de 45 Tiger, se puso en marcha durante las primeras horas de la mañana del 7 de junio.
Buena parte de sus oficiales eran hombres que habían servido en el Frente Oriental. Westernhagen había sido gravemente herido durante la batalla de Kursk y recién había regresado al batallón en febrero. Uno de sus subordinados, el teniente Michael Wittmann, de la 2.ª Compañía, había acumulado en Rusia un historial de más de cien tanques destruidos.
La mayoría de los hombres de la compañía de Wittmann también eran veteranos del frente ruso, y varios ya habían servido bajo sus órdenes en otra unidad. Además de ellos, otro oficial, el comandante de la 1.ª Compañía, Rolf Möbius, era también un as panzer en ascenso, al que durante la guerra se le atribuiría la destrucción de más de un centenar de tanques enemigos.

OBERSTURMBANNFÜHRER HEINZ VON WESTERNHAGEN

OBERSTURMFÜHRER MICHAEL WITTMANN
A las tres de la madrugada del 7 de junio, los Tiger pasaron por Gournay-en-Bray y enfilaron hacia el Sena. Cruzaron por las cercanías de París el 8 de junio, pero al llegar a Versalles fueron atacados por bombarderos aliados. Varios Tiger resultaron dañados o alcanzados; hubo nueve muertos y dieciocho heridos.
El batallón recién llegaría a Villers-Bocage durante la tarde del 12 de junio. Cuando por fin alcanzaron su destino, estacionaron bajo las sombras de pequeños bosques al sur de la N175. Agotados por cinco días de marcha infernal, los hombres se desplomaron en el suelo junto a sus Tiger, demasiado reventados incluso para dormir como corresponde.
Para ese momento, la 2.ª Compañía había perdido cuatro Tiger. Todos habían quedado atrás con la compañía de talleres del batallón, dañados por los ataques aéreos y bajo el mando temporal del teniente Fritz Stamm.
Del otro lado, los británicos venían avanzando despacio. En la tarde del 12 de junio, las “Ratas del Desierto” habían pasado por Tilly, girado hacia el oeste y luego avanzado en un amplio arco hacia el sudeste. El avance fue, en líneas generales, bastante tranquilo, hasta que los Cromwell de la 22.ª Brigada Blindada encontraron y destruyeron un Panzer IV alemán en una aldea llamada Jerusalén.
Los tanques de reconocimiento de los 11.º Hussars y los 8.º Hussars venían tanteando sin descanso las líneas alemanas en busca de un punto débil. Finalmente, la 3.ª tropa del Escuadrón A de los 8.º Hussars lo encontró, aunque pagando el precio: perdió dos Cromwell en el proceso, incluido el del jefe de tropa, el teniente Talbot-Harvey, que fue dado por desaparecido.
A las ocho de la noche, durante la aproximación a Livry, un cañón antitanque alemán dejó fuera de combate a un Cromwell de los King’s Royal Irish Hussars —KRIH—, matando a dos tripulantes, entre ellos el teniente Rampf. Un tanque ligero Stuart de la misma unidad también fue destruido por un Panzerfaust.
Nuevos intentos de avance de los húsares fueron rechazados con más pérdidas de tanques. La demora, sin embargo, fue apenas temporaria. La división abrió camino con toda la fuerza de la 22.ª Brigada Blindada. Livry cayó, y con la noche encima, los británicos acamparon allí para pasar la noche.
El resplandor rojo intenso de los incendios de Caumont, al oeste, encendidos por los bombardeos estadounidenses, iluminaba la oscuridad. Pero hacia el este se extendía una negrura rara, casi espectral: eran las líneas alemanas.
Las Ratas también miraban esa oscuridad. Desde sus posiciones avanzadas, apenas seis millas las separaban de Villers-Bocage y de una cita inevitable con la historia.
.... continuará
Extraído de "Tanks in the Hedgerows: The Battle for Villers-Bocage", por Akhil Kadidal
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