lunes, 2 de noviembre de 2026

Conducta militar: Sobreconfianza y derrota

Generales bocones: Sobreconfianza militar basada en infravaloración de las capacidades del adversario 


La literatura académica da cierto respaldo general a la asociación entre “los soberbios pierden”. Jack Levy identifica la sobreconfianza militar basada en infravalorar las capacidades del adversario como una de las percepciones erróneas capaces de contribuir al estallido y desarrollo de guerras: puede inducir a rechazar compromisos, aumentar compromisos propios, emplear coerción que falla o prepararse inadecuadamente. (Cambridge) Dominic Johnson desarrolla algo similar bajo el concepto de positive illusions: dirigentes que sobreestiman su capacidad de controlar acontecimientos y subestiman al contrario pueden asumir riesgos que una evaluación más realista desaconsejaría. (CISAC)

Y hay incluso evidencia experimental. En juegos de guerra controlados, los participantes tendían a sobreestimar su probabilidad de éxito, y cuanto mayor era esa sobreconfianza, mayor era su propensión a atacar. Eso no demuestra directamente cómo se comporta un Estado Mayor real, pero sí proporciona un mecanismo psicológico plausible independiente de las anécdotas históricas. (PubMed Central (PMC))

Para mí, de estos ejemplos surge una distinción especialmente fértil: el peligro no está necesariamente en insultar al enemigo; está en empezar a creer el insulto. La propaganda puede llamar cobarde, atrasado o incompetente al adversario sin alterar los planes propios. El problema militar aparece cuando esas categorías entran en el modelo mental del mando: “no puede mover artillería hasta allí”, “no intervendrá”, “sus pequeñas unidades carecen de iniciativa”, “sus irregulares no pueden afectar a tropas profesionales”. En Braddock, Bennett, MacArthur y Navarre se puede observar justamente ese paso de la retórica o prejuicio a una restricción imaginaria sobre lo que el adversario es capaz de hacer. Y el adversario obtiene entonces una ventaja enorme simplemente haciendo aquello que el otro había descartado.

Hay además un problema de retroalimentación: una gran victoria propia puede hacer más peligrosa la situación. MacArthur venía de Inchon; los franceses recordaban Na San; los rusos daban por sentada su condición de gran potencia europea. El éxito previo proporciona “evidencia” aparente para la superioridad, y la información contradictoria empieza a interpretarse como anomalía. Esto encaja bien con la literatura sobre sobreconfianza, aunque cada caso necesita un análisis causal particular. (Sage Journals)

Si hubiera que convertir todo esto en una hipótesis histórica comprobable, yo la formularía no como “los generales bocones pierden”, sino como: “el desprecio por el adversario aumenta el riesgo de fracaso cuando reduce el conjunto de capacidades enemigas que el mando considera plausibles, y por tanto deteriora inteligencia, planificación de contingencias y adaptación una vez iniciado el combate.” Los casos Braddock–Bennett–MacArthur–Navarre son especialmente buenos para poner esa proposición a prueba.


  1. Mayor general Edward Braddock — Monongahela, 1755. Este es probablemente uno de los ejemplos históricos más puros. Benjamin Franklin le advirtió que guerreros indígenas podían emboscar la larga columna británica durante la marcha hacia Fort Duquesne. Según el propio Franklin, Braddock respondió que podían ser peligrosos para milicianos coloniales, pero que era “imposible” que causaran impresión sobre tropas regulares británicas disciplinadas. (Biblioteca del Congreso de EE. UU.) El 9 de julio, una fuerza francesa e indígena atacó precisamente de esa manera. La columna cayó en desorganización; de unos 1.400 británicos empeñados hubo más de 900 bajas y Braddock recibió una herida mortal. (Servicio Nacional de Parques) Aquí la relación es mucho más fuerte que la mera ironía: Braddock desestimó explícitamente el tipo de amenaza que terminó destruyendo su formación.


  2. Mayor general John Pope — Segunda batalla de Bull Run/Manassas, 1862. Al tomar el mando del Army of Virginia, Pope publicó una proclama bastante espectacular. Dijo que venía del Oeste, donde habían visto siempre “las espaldas de nuestros enemigos”, y recomendó olvidarse de expresiones como “líneas de retirada” y “bases de suministros”: había que estudiar la retirada del enemigo y dejar que la propia “se cuidara sola”. (Cuaderno de la Guerra Civil) Unas seis semanas después, Pope interpretó erróneamente que Stonewall Jackson se retiraba, atacó repetidamente su posición sin advertir que Longstreet ya estaba desplegado en su flanco, y sufrió una derrota decisiva en Second Manassas; el ejército terminó retirándose hacia Washington. (Servicio Nacional de Parques) Aquí sería excesivo decir que perdió porque era bocón. Pero la proclama refleja bastante bien un problema real de su mando: confianza excesiva en la ofensiva, desprecio por la prudencia operacional y una estimación muy optimista de lo que estaba haciendo el adversario.


  3. Generales Viktor Sakharov y Aleksei Kuropatkin / alto mando ruso — guerra ruso-japonesa, 1904-1905. Es un caso menos individual y más institucional. Al comienzo de la guerra, el jefe del Estado Mayor y luego ministro de Guerra Viktor Sakharov estimaba que Japón no podría poner mucho más de 200.000 hombres en campaña y concedía escasa importancia a sus reservas. Una fuente contemporánea ya advertía que estaba infravalorando seriamente la capacidad japonesa. (Wikimedia Commons) Después de la guerra, el propio Kuropatkin escribió algo mucho más revelador: Rusia había subestimado el poder japonés, especialmente su “fuerza moral”, y había entrado en la guerra con demasiada ligereza. (Literatura Clásica) Investigaciones modernas encuentran además que los estereotipos raciales dentro de la elite y del cuerpo de oficiales rusos contribuyeron a esas percepciones de inferioridad japonesa. (Direct MIT) El resultado fue derrota rusa tanto en grandes batallas terrestres como en la guerra naval. Éste es un caso especialmente útil porque muestra que el menosprecio cultural puede contaminar inteligencia, movilización y cálculo de fuerzas, no sólo generar frases desafortunadas.


  4. Mayor general Gordon Bennett — Malaya y Singapur, 1941-1942. Bennett, comandante de la 8.ª División australiana, impartió antes de la campaña una instrucción que suponía que el japonés estaba poco acostumbrado a los ataques por sorpresa, reaccionaba mal a ellos y era débil en iniciativa y entrenamiento de pequeñas unidades. El Australian Army Research Centre documenta esa apreciación y señala que formaba parte de un ambiente más amplio de subestimación británica de las fuerzas japonesas. (CIEA) El problema es que las características que Bennett consideraba débiles —iniciativa táctica, infiltración, sorpresa y maniobra— resultaron precisamente fortalezas japonesas. El mismo estudio muestra cómo Bennett descartó posibilidades de maniobra enemiga que luego se materializaron y cómo sus despliegues contribuyeron a que le giraran el flanco. Malaya cayó en setenta días y Singapur capituló el 15 de febrero de 1942. (CIEA) Este es otro caso muy fuerte para tu hipótesis: la opinión despectiva aparece directamente conectada con supuestos de entrenamiento y despliegue.


  5. General Douglas MacArthur — intervención china en Corea, 1950. Después de Inchon, MacArthur desarrolló una confianza enorme en una victoria rápida. En la reunión de Wake Island aseguró que la resistencia norcoreana organizada terminaría pronto, que buena parte de las tropas podría volver a casa para Navidad, y desestimó la advertencia china: si Pekín intervenía, creía que lo haría en cantidades limitadas que serían destruidas. (Historia de la Marina) Incluso después de que aparecieran tropas chinas, el 4 de noviembre consideraba improbable una intervención a gran escala. (Oficina del Historiador) Pero China ya estaba introduciendo grandes fuerzas clandestinamente al otro lado del Yalu. La ofensiva china de fines de noviembre convirtió la situación; el propio MacArthur informó el 28 de noviembre que enfrentaban “una guerra enteramente nueva”, con fuerzas chinas cercanas a 200.000 hombres según las estimaciones de entonces. (Oficina del Historiador) Historias oficiales estadounidenses describen el avance de las fuerzas de la ONU hacia el norte como realizado sin conocer la magnitud de las tropas que las esperaban y califican el resultado inmediato como una derrota devastadora. (JCS) Probablemente sea uno de los mejores ejemplos modernos de éxito previo → exceso de confianza → filtrado de inteligencia adversa → ampliación de objetivos → sorpresa operacional.

  6. General Henri Navarre — Dien Bien Phu, 1954. Éste es casi experimental. El 8 de febrero de 1954 Navarre le dijo al embajador estadounidense Donald Heath que lamentaba que el Viet Minh aparentemente hubiese desistido de atacar Dien Bien Phu, porque allí tenía la posibilidad de infligirle una derrota “sustancial, si no decisiva”. (Oficina del Historiador) El concepto francés dependía de que Giáp aceptara una batalla convencional en condiciones favorables a la artillería y aviación francesas. Pero los franceses infravaloraron extraordinariamente la capacidad logística del Viet Minh para transportar artillería pesada, munición y defensa antiaérea hasta las alturas que dominaban el valle; análisis militares posteriores identifican precisamente la subestimación de las capacidades enemigas como un error capital. (War Room - U.S. Army War College) Cuando comenzó el sitio, la artillería vietnamita resultó una enorme sorpresa. Dien Bien Phu cayó el 7 de mayo de 1954. (Ministerio de Defensa) Otra vez: “ojalá me ataque aquí porque lo voy a destrozar” es particularmente peligroso cuando uno no entiende cómo piensa librar la batalla el adversario.



  7. General William Westmoreland — Vietnam, vísperas del Tet, 1967-1968. Este caso necesita una precisión importante porque Tet no fue una victoria táctica vietnamita simple. El 21 de noviembre de 1967 Westmoreland anunció que el enemigo estaba “ciertamente perdiendo”, que sus esperanzas estaban prácticamente agotadas y que comenzaba a verse el final de la guerra. (Consejo de Relaciones Exteriores) Unas diez semanas después, las fuerzas comunistas lanzaron la ofensiva del Tet contra más de cien ciudades, instalaciones y posiciones de Vietnam del Sur. Militarmente sufrieron pérdidas enormes y no consiguieron la insurrección general que buscaban; políticamente, sin embargo, el tamaño y simultaneidad de la ofensiva hicieron que las afirmaciones previas de progreso estadounidense parecieran profundamente equivocadas y dañaron la credibilidad de la conducción de la guerra. (DocsTeach) Es un magnífico ejemplo de quedar mal parado por haber definido públicamente expectativas demasiado fuertes, aunque no corresponda describir Tet simplemente como una derrota militar estadounidense.

  8. Mayor general John Sedgwick — Spotsylvania, 1864. Es el ejemplo perfecto de “boconeada” en miniatura, aunque no sirve tanto para estudiar resultados de campañas. Bajo fuego de francotiradores confederados, Sedgwick reprendió a soldados que se cubrían diciendo que los enemigos no podían “acertarle a un elefante a esta distancia”. Un testimonio de su estado mayor conserva la frase; segundos después, un tirador confederado lo mató de un disparo. (American Battlefield Trust) Es irresistible como anécdota sobre exceso de confianza, pero metodológicamente no demuestra que el menosprecio reduzca el desempeño de un ejército: demuestra sólo que incluso un oficial experimentado puede valorar mal un riesgo inmediato.


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